José Luis Vega

Las peripecias del habla en la calle: El caso de la literatura puertorriqueñaJosé Luis Vega
Director de la Academia Puertorriqueña de la Lengua

Octavio Paz, con su habitual lucidez, ha señalado que en época de tribulaciones el poema se presenta al espíritu como un desagravio.  Saber que pertenecemos por la lengua a un mundo más vasto, rico y hondo que el cotidiano —decía—, nos ayuda a soportar con cierta entereza los descalabros de la realidad.  Paz también reconoció el carácter internacional de los estilos —hoy diríamos su carácter globalizado— y la vinculación de la poesía escrita en lengua española a la tradición más vasta de la modernidad. 

Saint-John Perse, por su parte, imaginó a la poesía como a una criatura desentendida de los beneficios del siglo.  Atada a su propio destino y libre de ideologías, la equiparó a la vida misma, que sin justificación alguna, con un abrazo, como una sola y gigante estrofa viviente, teje al presente todo lo pasado y todo lo por venir, fusiona lo humano con lo sobrehumano y todo el espacio planetario con el universal.

Pero si bien es cierto que el poema engendra su alterna realidad evanescente, construida de ideas, acentos y sonoridades universales, también refleja en su lengua ideal y compartida, el habla y la historia con su fárrago desconcertante y espeso de rota cotidianidad.

El esbozo anterior no pretende abrir el largo debate sobre la existencia de las literaturas nacionales o retrotraernos a aquellos días ingenuos en los que parecía que la literatura se las entendía, sin mayores problemas, con la cartografía política.  Aún hoy hablamos, sin mayor consternación, de literatura española, argentina, colombiana…  Si aceptásemos, a manera de hipótesis o por razones de conveniencia taxonómica, la existencia de tales literaturas, es evidente, en lo que la de mi país respecta, a la puertorriqueña, que las literaturas nacionales no coinciden exactamente con los mapas de la soberanía y la geografía.  Puerto Rico —ha dicho alguien afectado de postmodernismo— es la narración de una nación que no ha alcanzado su plena soberanía política; por otro lado, casi la mitad de la población puertorriqueña vive fuera de la isla, en los Estados Unidos.

¿De qué hablamos entonces?  Tal vez de una emoción, de unas señas de identidad, de unas marcas e inflexiones que inscriben a las localidades en la vasta pizarra de las tradiciones compartidas y de la lengua común.  Probablemente hablamos también de los modos en los que el habla se asoma al espejo de la escritura.

Luis Rafael Sánchez, tal vez el más relevante de los escritores puertorriqueños contemporáneos, acuñó la aspiración a escribir en puertorriqueño. Escrito en puertorriqueño, que fue el título general con el que Sánchez denominó a una serie de ensayos periodísticos, bien pudiera extenderse al conjunto de su obra literaria fuertemente marcada por las circunstancias lingüísticas y sociales puertorriqueñas.  La obra de Sánchez comenzó a recibir cierta relevancia internacional a raíz de la publicación de La guaracha del Macho Camacho en 1976, con el sello de una pequeña editorial argentina.  La novela hoy cuenta con muchas ediciones, entre ellas una crítica en el catálogo de Cátedra, a la que el lector agradece la abundante explicación de los guiños, sesgos y esquinces particulares de la puertorriqueñidad.

Humberto López Morales en un libro reciente sobre La globalización del léxico hispánico resaltó las dificultades de lectura que la Guaracha ofrece a los lectores ajenos a la realidad social y lingüística puertorriqueña.  «No sólo hay en ella –escribe López Morales– un lenguaje que trata de fotografiar unas realidades, con un sinfín de peculiaridades sociolectales, sino un caudal importantísimo de información que necesita del conocimiento de un determinado mundo para ser comprendida».  Y cita un pasaje que comienza…:

Escandalizada, ido el aire, aniquilada por una jiribilla bien illa, el oxígeno trancado en los pulmones:  una adoratriz de la artista Iris Chacón, la casi de Martín Peña la tiene empapelada con portadas de Vea, Teleguía, Avance, Estrellas, Bohemia en las que la artista Iris Chacón es la oferta suprema de una erótica nacional:  envidia de culiguardadas.  Fantasía masturbante de treceañeros, sueño cachondo de varones, razón de la bellaquería realenga.  Y las dos veces que me he perdido el «Show de Iris Chacón» en la televisón me han comentado que Iris Chacón ha mapeado, ha barrido, ha acabado…

Quizás muy pocos lectores ajenos al mundo antillano comprenderán que si bien barrer y el anglicismo mapear (pasar el estropajo) aluden a maneras de limpiar los pisos, en otro contexto también significan acabar, y cuando en las Antillas alguien acaba quiere decir que resultó triunfante en algún evento o actividad.  Asimismo habría que saber que jiribilla en puertorriqueño es un asunto molesto y que bellaquería y realengo son dos viejas palabras patrimoniales.  La primera, bellaquería, aún alude en las islas a un gran apetito sexual y la segunda, realengo, se ha ampliado para aludir a aquello que no es de nadie.  La bellaquería realenga alude pues específicamente a la parte de la jauría masculina adoradora de la Chacón integrada por hombres que no tienen mujer.

Según López Morales, la primera aventura editorial española de La Guaracha del Macho Camacho, apadrinada por el Editorial Argos Vergara en el 2000, apenas logró vender unos doscientos ejemplares.  López Morales da por sentado que los lectores que compraron la novela, entusiasmados por la promesa del exotismo tropical, se estrellaron contra las dificultades dialectales y sociológicas del texto.

Luis Rafael Sánchez no es, por supuesto, el único escritor puertorriqueño que ha corrido los riesgos de las marcas de la identidad, y ha pagado las consecuencias.  Veamos otro caso, resuelto por confesión de partes.  Algunos echaron de menos la modalidad poética afroantillana en Laurel, la famosa y polémica Antología de la poesía moderna en  lengua española que Xavier Villaurrutia preparó en 1941, con la colaboración, entre otros, de Octavio Paz, quien por entonces era apenas un joven poeta prometedor.  Echaron de menos concretamente a dos grandes poetas antillanos quienes ya gozaban de marcado renombre:  el puertorriqueño Luis Palés Matos y el cubano Nicolás Guillén.  Cuando en 1988 la editorial mexicana Trillas lanzó una segunda edición de Laurel, incluyó un epílogo de Octavio Paz que delata aspectos íntimos de las decisiones editoriales que condujeron a la exclusión de ambos poetas, y de otros.  Según Paz, Villaurrutia : «veía en la poesía negra una recaída en un foklorismo más fácil aun que el gitanismo de García Lorca, que también reprobaba…. Esta es la razón –sigue diciendo Paz– de que no figure en Laurel una modalidad poética que ilustraron Góngora y Sor Juana en el siglo xvii y en el xx dos notables poetas: Luis Palés Matos y Nicolás Guillén».  Por tales razones quedó fuera de Laurel, tildada de foklorismo fácil, la alquimia lingüística de Luis Palés Matos, cuyo proyecto de escritura antillana, saturado de tambores, sabores y sudores, resultó, cuando menos desconcertante, al oído europeizado de Villaurrutia:

Por la encendida calle antillana
va Tembandumba de la Quimbamba
—rumba, macumba candombe, bámbula—
entre dos filas de negras caras.
Ante ella un congo —gongo y maraca—
ritma una conga bomba que bamba.

Culipandeando la Reina avanza,
y de su inmensa grupa resbalan
meneos cachondos que el gongo cuaja
en ríos de azúcar y de melaza.
Prieto trapiche, masa con masa,
exprime ritmos, suda que sangra,
y la molienda culmina en danza.

Retorno en este punto a Luis Rafael Sánchez, a sus palabras en un ensayo reciente, para subrayar la lucidez y deliberación con la que algunos de los mejores escritores puertorriqueños han incorporado a su escritura los registros lingüísticos de la puertorriqueñidad.

La literatura, si bien opera como norma y ejemplo, también opera como registro lexicográfico de la época en que se inscribe.  A partir de esa verdad, más que sabida, deberá el escritor puertorriqueño arriesgarse al cultivo de una lengua rica y polivalente hecha con los diversos registros del idioma español puertorriqueño.  Desde el broken english hasta el español estrujao, desde el selecto idioma de la ternura con que el Topo y Sylvia Rexach le cantan al amor hasta el español límpido y transparente con que Julia de Burgos de la canta a la lentitud del mar.

Hace pocos años murió, a destiempo, una gran poeta puertorriqueña de legendario perfil llamada Angela María Dávila.  Angela María, como Luis Palés Matos y Luis Rafael Sánchez, fue muy rigurosa con su escritura.  Escribió y publicó apenas dos obras extraordinarias de la poesía hispanoamericana, Animal fiero y tierno y La querencia, de aparición póstuma.  Fue, sobre todo, una poeta oral; cantaban y recitaba sus poemas en cafés, centros culturales, bares y universidades.  La reacción entrañable de Julio Ortega, conocedor y amigo de la literatura puertorriqueña, ante la muerte de la poeta abona a su leyenda e ilumina el tema de estas páginas:

… protesto por la desaparición injusta de Angelamaría Dávila. No sé cuánto hay de cierto en la noticia de que se había convertido en un ser marginal y desamparado. Otro amigo hace poco fallecido, Néstor Sánchez, fue literalmente clochard en París, y cuando la policía lo detenía por vagancia mostraba su último documento de identidad, su foto en la traducción de una de sus novelas al francés; de inmediato lo dejaban en libertad. Pero me parece que Angelamaría no tuvo amigos, colegas, ni siquiera autoridades letradas que la recobraran de su postración. Estuve, quiero decir, lejos de su drama.

La recuerdo la mañana gloriosa en que caminábamos por el medio de su calle, en un barrio populoso, junto al poeta José Ramón Meléndes, contagiados de su felicidad terrestre, escuchándola cantar los boleros más entrañables. Iba ella plena y mayúscula, como una reina que reconoce sus dominios, flanqueada por un puertorriqueño que escribe como habla y un peruano que habla como escribe.

He aquí la imagen reveladora:  una reina antillana, una Tembandumba de la Quimbamba palesiana, que recorre los dominios de su barrio populoso cantando boleros, flanqueada por un puertorriqueño que escribe como habla y por un peruano que habla como escribe. Ortega, casi sin querer, reitera los extremos posibles de la lengua literaria a los que se refería Luis Rafael Sánchez: ser norma y ejemplo:  hablar como se escribe, o ser registro lexicográfico: escribir como se habla. 

La escritura de Angela María Dávila se mueve con soltura entre las formas más cultas de la tradición poética y las peripecias del habla en la calle.  Quisiera, para concluir, compartir uno de los poemas de La Querencia en los que la lengua plebeya de la puertorriqueñidad toma posesión plena de la poesía, y la potencia.  El poema se titula epítetos  ¿injuriante?s y advierte en un subtítulo que está escrito en estricto orden alfabético. Se trata, en efecto, de dos series enumeradas de denuestos que, a manera de espejo, reflejan a un sujeto femenino marcado por la impronta de la libertad y la rebeldía personal, social y política. El texto es, además un registro lexicográfico de los crudos epítetos de la identidad; los invito a confrontarlos con los de su propio país:

epítetos  ¿injuriante?s

—Ajá por ahí dicen que soy:

¿alebrestá, alzá, aprontá, armá, atrevida
bocona, boquidura, buscabulla?
¿cabecidura, cabestra, cafre, cerrera, Cimarrona, COMUNISTA
cueridura y chauvinista?
demasiao, desconfiá, ¿difícil?
emperrá, enamorá, Estremista,
feminista, fiera, fuerte (de jenio)
garatera;
hereje, hijadeputa (en el mal sentido);
imposible, intransijente
Jíbara, jodona
loca
malablá, maldita, montuna, muertadeambre,
¡NACIONALISTA! Negra
¡EÑE!
orgullosa, parejera,
paticaliente, pechúa, pobre, presentá, puta.
¿rabiosa, radical, rebelde, rejión (del demonio), resabiosa, revoltosa:
RE—VO—LU—CIO—NA—RIA
salvaje sediciosa, senofóbica, SOCIALISTA?
¿temeraria, terrible, testaruda, toruna, tozúa, tremenda
voluntariosa, zafá, zafia?

oquei.  CHÉBERE.  todo eso es muchisisímo mejor que:

abusadora, afrentá, alcagüeta, alicate, alzacola. ASESINA.
bocabajo, buchipluma, buscona.
cajnepuerco.  ¡COBARDE! colmillúa, ComeMierda, CRIMINAL
¡CHOTA!
déspota, desvergonzá.
egoísta, embustera, entreguista, exploradora
falsa, farfullera, farsante, FASISTA.
gansa, güelía
hijadeputa (en el mejor sentido);
indecente
joseadora
ladrona, lambeojo, lambía, ¿!LIBERAL!?
malafé, malagradecida, manduleta,
Ñangotá.
oportunista
paquetera, parásita, pendeja, pilla, PITIYANQUI,
rajaeleña, rata.
traicionera, traidora, tráfala, trepadora, tusa,
vaga, vendía, VENDEPATRIA, VERDUGA:

¡!!!¿¿¿YANQUI???!!!

Muchas gracias.