Ramón Tijeras

El español y los nuevos soportes de InternetRamón Tijeras
Director del Centro Virtual Cervantes e Informática del Instituto Cervantes (España)

El español es la cuarta lengua más hablada en el mundo después del inglés, el chino y el hindi. Más de 425 millones de personas hablan español frente a los 514 millones que hablan inglés y los 1075 millones que hablan chino. El chino y el hindi son lenguas que tienen poca presencia en Occidente. Así es que, en nuestro ámbito cultural, el inglés y el español son las lenguas predominantes.

Algo parecido sucede en Internet. El español es la cuarta lengua más utilizada en la Red si tenemos en cuenta el número de usuarios conectados. De los mil millones de usuarios que tiene Internet en todo el mundo, el 9 % se comunica en español. Los tres idiomas que están por delante del nuestro son el inglés, el chino y el japonés. De nuevo, si tenemos en cuenta que el chino como el japonés son lenguas que, en general, solo hablan sus nativos, el español se sitúa como la segunda lengua de comunicación en Internet tras el inglés.

La demanda de documentos en español también es la cuarta en importancia. Sin embargo, el español ocupa una posición inferior si se tiene en cuenta el número de documentos publicados en Internet. Es decir, se produce poco material en español. No existe una oferta de contenidos en español que esté a la altura de la posición que ocupa el idioma. Por otro lado, tampoco el acceso de los usuarios a muchos de los contenidos en español se realiza a través de portales españoles o hispanoamericanos, sino a través de páginas fabricadas en el ámbito anglosajón.

Todo esto ha provocado una situación dramática, y es que el mundo anglosajón amenaza con apoderarse de los iconos culturales españoles e hispanoamericanos para su explotación en Internet.

A la hora de buscar información en la Red se utilizan motores de búsqueda fundamentalmente anglosajones, que finalmente imponen sus propios criterios de selección para explotar comercialmente el español en la Red.

El caso de Google es paradigmático. Ha llegado a acuerdos con universidades y bibliotecas españolas e hispanoamericanas para digitalizar sus fondos y obligar a los usuarios a pasar por sus tuberías en Internet. Las instituciones oficiales están entregando sus contenidos sin darse cuenta de que están regalando a los guardianes anglosajones el poder de seleccionar y administrar el conocimiento de las próximas generaciones.

Por otra parte, muchos de los productores en español que se encuentran en la Red son portales anglosajones que fabrican contenidos de baja calidad, con numerosas referencias locales que van a acabar por imponer una visión sesgada y anglosajona del mundo, muy distante de las realidades española e hispanoamericana.

A nadie se le escapa tampoco que el mundo anglosajón dispone de grandes bibliotecas con numerosos libros en otras lenguas, o con libros traducidos de otras lenguas, que están ya disponibles en Internet, tras haber sido seleccionados por especialistas anglosajones , 1a través de los cuales también ofrecen una selección del conocimiento que no siempre coincide con el espíritu ni el alcance de los contenidos originales.

El mundo anglosajón La idiosincrasia anglosajona está controlando así las puertas de entrada a la cultura en otras lenguas y, en especial, a la cultura en español. Por ello resulta indispensable iniciar una campaña mundial que amplíe tanto las posibilidades de acceder a contenidos en español como a contenidos españoles e hispanoamericanos, realizados por usuarios e instituciones de habla hispana, que atempere la producción de contenidos sobre nuestra cultura en otras lenguas.

Sólo así se podrá combatir la visión del mundo que está construyendo en Internet el mundo anglosajón sobre las culturas que nos rodean. Se trata de que los estudiantes tengan a su disposición suficientes recursos en español como para hacerse una idea clara del mundo sin tener que pasar por el filtro anglosajón.

Por eso, el Instituto Cervantes se dispone en los próximos meses a incrementar exponencialmente sus contenidos sobre la cultura española e hispanoamericana en otras lenguas. Para que otras culturas puedan conocer lo que ocurre en la cultura hispanoamericana necesitan encontrar contenidos hispanoamericanos en sus propias lenguas. A través de su red de portales en todo el mundo, el Instituto Cervantes ofrecerá una selección de los contenidos que tiene colgados en español en el Centro Virtual Cervantes. Tras la apertura el pasado mes de julio de su centro de Pekín, el Instituto Cervantes se ha dado cuenta de que no basta con difundir el idioma y la cultura en español sino que merece la pena abrir la puerta de sus contenidos a ciudadanos de todo el mundo en su propia lengua.

El caso chino es revelador. En estos momentos se celebra el Año de España en China. El Centro Virtual elaboró unas páginas especiales sobre las relaciones culturales que se han dado entre China y España a lo largo de la historia. Encargó artículos y estudios a especialistas chinos y españoles, y lo publicó todo en español. ¿Creen que algún chino que no conozca el español ha podido acceder a esa información? Por eso el Centro Virtual del Instituto Cervantes se decidió a traducir el contenido de esas páginas al chino. De otro modo no conseguiría nunca su objetivo de difundir la cultura española por el mundo. Lo mismo hará con una selección de contenidos sobre las culturas española e hispanoamericana al traducir contenidos esenciales sobre ellas al alemán, al inglés, al ruso o al rumano.

Hasta ahora las páginas del Instituto en cada país ofrecían información sobre su oferta de cursos para aprender español en castellano y en la lengua local de cada país, pero no ofrecían contenidos culturales en esas lenguas locales. Este proyecto requiere un esfuerzo económico considerable, pero en el Centro Virtual entendemos que si queremos interesar a futuros estudiantes de español en las culturas española e hispanoamericana hay que empezar por ofrecerles nuestra riqueza cultural en sus propios idiomas.

Importancia de los buscadores para el crecimiento del español en Internet

El director de la Biblioteca Nacional de Francia, Jean-Nöel Jeanneney, expresó en 2005 el peligro de dejar en manos anglosajonas la narración en exclusiva de su visión del mundo. «Se confirma el riesgo —escribía Jeanneney— de una dominación aplastante de América en la definición de la idea que las próximas generaciones se harán del mundo». A continuación propuso la idea de crear la Biblioteca Virtual Europea y un buscador europeo.

El problema adquiere otro matiz en la mente de Margrét Jónsdottir2 . Tiene que ver con la formación de las generaciones futuras: «El problema —dice Jónsdottir— es que los estudiantes que estudian Filología Hispánica prefieren la Red y cada vez se notan menos las huellas de los libros del hispanismo clásico en sus trabajos. Los alumnos se alejan de la disciplina que estudian y se contentan con reseñas y resúmenes en la Red».

La idea de crear una gran «Biblioteca de Alejandría» ha atrapado a los gobernantes desde hace siglos. Ahora es posible hacerlo en formato digital. Pero algunos autores han llamado la atención sobre las dificultades de introducir en la Biblioteca Digital Universal millones de libros por los problemas que se derivan de los derechos de autor. En España, esfuerzos como el de la Biblioteca Virtual Cervantes, que ha digitalizado ya más de 20 000 volúmenes, o el del Archivo de Prensa Histórica del Ministerio de Cultura español, o el de Yuste digital, que ha puesto en la Red los fondos del famoso monasterio, o el Proyecto Filosofía en español o Poliantea, centrado en obras del Renacimiento, tratan de contribuir a la creación de esa gran biblioteca con proyectos que, no obstante, subsisten aislados entre sí.

De ahí la importancia que tienen los buscadores, verdaderos ensambladores de tantos contenidos dispersos, para preservar el español y sus culturas en Internet.

En su esfuerzo por escapar del control anglosajón, los distintos países europeos acordaron en 2005 crear el motor de búsqueda Quaero (‘busco’, en latín), impulsado por un consorcio franco-alemán. El recorrido ha sido tortuoso hasta hoy. Al poco tiempo de anunciarse el proyecto, los alemanes lo abandonaron en 2006 para crear su propio buscador bajo el nombre de Theseus.

El Gobierno francés anunció la presentación de Quaero para enero de 2006 con 4000 millones de páginas indexadas, es decir, la mitad que Google. Pero a día de hoy no ha visto la luz. El proyecto ha perdido fuelle y no se vislumbra una alternativa al todopoderoso Google. Las disensiones entre países europeos han provocado que algunos de ellos, junto a algunas empresas y universidades (entre la que se encuentra la Fundació Barcelona Media Universitat Pompeu Fabra), se pusieran de acuerdo para lanzar Pharos (Platform for Search of Audiovisual Resources Across Online Spaces), un desarrollo que realiza la empresa Fast, pero que solo refuerza la idea de contar con un gran buscador que no esté mediatizado por los intereses de las grandes empresas.

Grupos multimedia como Berstelmann ven con interés estos proyectos ante la posibilidad de posicionar sus contenidos desde un punto de vista meramente comercial, que es el criterio que se ha impuesto en Google, a la hora de primar la aparición de resultados en función de pagos determinados.

A esta guerra también se ha lanzado Japón, que ya ha anunciado un proyecto para desarrollar un motor de búsqueda nacional (en inglés) que será apoyado por empresas como Fujitsu, Nec y Matsushita.

En medio de esta gran dispersión, el Instituto Cervantes, como saben, lleva años seleccionando páginas de calidad sobre el idioma y las culturas española e hispanoamericana a través del Oteador, una selección de enlaces a páginas previamente analizadas por personal del Instituto, que garantiza la devolución de resultados relevantes cuando se realiza una búsqueda en ellas.

El problema de la identidad en los buscadores

Una de las razones por las cuales merece la pena desarrollar herramientas de búsqueda alternativas a Google es el hecho de que las búsquedas en inglés son mucho más simples, por ejemplo, que las que requiere el idioma español. Las irregularidades de los verbos españoles, por ejemplo, dificultan sobremanera la búsqueda de contenidos en español tal y como se hace con los ingleses, ya que las técnicas de búsqueda semánticas están pensadas para el inglés y no para la lengua española.

Algunos autores abogan por la singularización de los descriptores para encontrar obras, no mediante cadenas literales de texto, sino mediante cadenas de texto reconocibles desde el punto de vista intelectual. La tecnología digital permitirá enmarcar cada texto en un contexto metatextual muy rico que nos permitirá catalogaciones mucho más precisas que las actuales.

José Luis González Quirós3 cuenta que Karl Popper, siendo ya muy anciano, se refirió en una conferencia a un libro que había escrito y cuyo título no recordaba pero que trataba del pensamiento de Platón y del autoritarismo: con esa descripción que el filósofo retenía en su memoria —explica Quirós— debería ser fácil recuperar en la futura Biblioteca Universal la obra titulada La sociedad abierta y sus enemigos.

Los buscadores actuales no están preparados para hacer ese tipo de reflexión.

El Instituto Cervantes y los nuevos canales de comunicación en Internet

A la vista de lo anterior, ¿cuál es el camino correcto? ¿Evitar a Google a toda costa o utilizar sus canales en Internet como meros propagadores de la cultura en español, hecha por españoles e hispanoamericanos?

En las próximas semanas el Instituto Cervantes presentará sus propios canales de radio y televisión en Internet. Estos canales emiten ya en pruebas. A través de ellos se difundirán cursos para el aprendizaje del español y las actividades culturales que tienen lugar en su red mundial de centros. Pero ¿por qué no crear al mismo tiempo un canal de vídeo en Google para lograr una mayor difusión de sus contenidos? El Instituto Cervantes, a pesar de producir contenidos en vídeo desde hace tiempo, a través de su Archivo Digital, nunca había colgado uno de ellos en YouTube, que es, como se ha visto, la principal plataforma de difusión de vídeos en Internet. Ahora, Google ha ofrecido al Cervantes crear un canal de vídeo en YouTube, y en el Instituto nos debatimos entre la necesidad de estar en una plataforma de tanto alcance y la dificultad que entraña poner en manos del capo anglosajón sus contenidos más atractivos.

Seguramente habrá que encontrar un punto intermedio, que permita avanzar contenidos en la plataforma de YouTube o en la de Apple para indicar a los usuarios que existe un canal de televisión propio del Instituto Cervantes en Internet que merece la pena visitar.

Esto es lo que queremos decir al llamar la atención sobre la necesidad de usar los nuevos soportes de Internet en toda su dimensión, como propagadores de contenidos que hagan referencia a materiales realizados y mantenidos por españoles e hispanoamericanos, con la calidad y el rigor que requieren la preservación y el impulso del idioma y sus diferentes culturas.

Otro ejemplo relevante es el de Second Life, la plataforma virtual que recrea un mundo en tres dimensiones que permite vivir otra vida a los usuarios de Internet. Como saben, en ese mundo virtual se puede gastar y ganar dinero, realizar conciertos y actividades culturales virtuales o hacer cualquier otra cosa que a uno se le pueda ocurrir. Las principales empresas del planeta ya están en Second Life y se cree que será una de las formas naturales de navegar por Internet.

Pues bien, recientemente, una empresa dedicada a la creación de contenidos en tres dimensiones para Second Life recibió el encargo de realizar una representación temática virtual relacionada con obras de Shakespeare. Los usuarios de todo el planeta podrán deambular así por el universo shakespeariano a través de una de las herramientas más modernas y populares de Internet.

Y nosotros nos preguntamos por qué no vamos a utilizar este nuevo soporte para difundir contenidos relacionados con la cultura española. Ya se nos pasó en su día el tren de YouTube con el auge de los vídeos en la Red, sin colgar ningún vídeo en esa popular plataforma. Ahora, en el Instituto Cervantes nos planteamos una presencia activa en Second Life recreando un recorrido virtual por la ruta del Quijote. De momento, en unas semanas tendremos lista una reproducción de nuestra sede central en Second Life, donde será posible visitar exposiciones y ver vídeos con entrevistas y documentales sobre la cultura española en el mundo.

Uno de los problemas que ha tenido el español para asentarse en la Red es la dificultad con que se ha enfrentado a los nuevos retos de Internet. Por eso pensamos que es importante incorporarse a tiempo a los nuevos soportes, para conocerlos y utilizarlos en beneficio del idioma y la difusión de la cultura española en el mundo.

La presencia del español en la Red, al final, dependerá de acciones como esta; es decir, del desarrollo de proyectos que nos permitan impulsar nuevos proyectos a partir de las nuevas tecnologías y los nuevos lenguajes de los jóvenes. Esto resulta imprescindible si no queramos quedarnos atrás a la hora de implementar cursos virtuales para el aprendizaje de español a través de plataformas de gran crecimiento como Second Life, sin entrar en el debate sobre si es mejor leer un libro o conformarse con una reproducción incompleta y geométrica de los mundos literarios.

Otras tecnologías, como el Bluetooth, también exigen desarrollar contenidos para nuevos formatos. Estos sistemas, por ejemplo, permiten descargar en los teléfonos móviles o celulares aplicaciones de hasta 64 kilobytes, para consultar guías turísticas de pequeño formato o guías de conversación de español como las que ya prepara el Instituto Cervantes.

Los nuevos soportes exigen un esfuerzo por parte de instituciones como el Instituto Cervantes, si no se quiere perder el tren de las nuevas tecnologías. No se puede impulsar la presencia del español en Internet si al mismo tiempo no se crean departamentos dedicados al desarrollo de contenidos para dichos soportes. De esta manera, instituciones como el Cervantes ya no pueden funcionar solo con el trabajo de filólogos y profesores, sino que necesitan técnicos y colaboradores que sepan traducir los materiales didácticos a los nuevos formatos.

La expansión de las comunicaciones a través de redes IP permite igualmente la difusión de contenidos en formato de vídeo sin apenas coste, siempre que se disponga de una red corporativa como la del Instituto Cervantes, que ya está implementando un canal de noticias cultural mediante redes IP. Vivir de espaldas a esta realidad sería un error que redundaría en una presencia cada vez menor del español en Internet, un idioma que, para consolidarse, necesita adaptarse a los nuevos mecanismos de comunicación.

Proyecto ARCE: un millón de páginas de calidad para la Red, en español

El Instituto también pretende aumentar la cantidad y la calidad de su oferta en Internet mediante la puesta a disposición de los usuarios de los contenidos que producen más de cien revistas de información cultural en España.

En la actualidad el Instituto Cervantes tiene colgadas en Internet medio millón de páginas. Con el proyecto que ha puesto en marcha en colaboración con la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE) el Instituto creará más de cien portales para albergar más de un millón de nuevas páginas con los contenidos de mayor calidad que se producen en el ámbito cultural español.

Los artículos de pensadores, arquitectos y científicos, así como la obra gráfica de pintores y artistas de todo tipo verán la luz a través de Internet, a texto completo y de forma gratuita en la mayoría de los casos, respaldados, al final del proceso de digitalización que llevará a cabo el Instituto, por sus colecciones históricas que hasta ahora solo eran accesibles en papel.

El Instituto Cervantes quiere poner esta iniciativa también a disposición de las revistas culturales hispanoamericanas que no tengan página en Internet y que necesiten digitalizar sus fondos históricos, con el fin de llenar el vacío gigantesco que hasta ahora se ha producido en cuanto a la oferta de contenidos españoles e hispanoamericanos en Internet.

Por el contrario, el Instituto no se plantea llevar a cabo la digitalización masiva de libros con el fin de competir con otras bibliotecas o los proyectos que impulsan instituciones como el Ministerio de Cultura español. El Instituto pretende, en cambio, convertirse en una buena puerta de acceso a contenidos en español facilitando una selección de enlaces a libros electrónicos en español que en la actualidad están dispersos por diferentes páginas y portales de Internet.

La enorme cantidad de contenidos que ya están disponibles en Internet provoca que la búsqueda de información sea uno de los problemas principales que hay que resolver.

Los usuarios disponen en la actualidad de buscadores que les devuelven una enorme cantidad de resultados basura. Por eso, otros proyectos de relevancia internacional tratan de servir contenidos con rigor y calidad como los que ofrece el Instituto Cervantes. La Enciclopedia Británica, por ejemplo, se ha puesto en contacto con el Instituto para lograr los permisos necesarios que le permitan enlazar con sus páginas cada vez que alguno de sus clientes en Internet requiera información sobre fondos que tengan alguna referencia en el Centro Virtual Cervantes.

La apertura a este tipo de iniciativas aseguran que los contenidos que se difunden a través de enciclopedias tan prestigiosas como la Británica responsan al rigor y la calidad requeridos.

Otro caso parecido es el la Wikipedia, un tipo de producto que ha sustituido a las enciclopedias de consulta tradicionales. Los impulsores de la Wikipedia saben que tienen que contar con contenidos de calidad para sostener la pujanza del producto. Y por ello han buscado también la colaboración del Instituto Cervantes como referente para que incorpore a la Wikipedia contenidos relacionados con biografías de autores y otros productos culturales elaborados por el Centro Virtual Cervantes, como garantía de rigor y calidad.

Otra polémica que se suscita en la actualidad es la que se refiere a la posibilidad de archivar las miles de páginas que nacen, se desarrollan y mueren cada día en la Red o si sería más razonable proceder a un expurgo que garantice el archivo de lo fundamental e importante, con el fin de preservar la producción cultural en los nuevos soportes tecnológicos. Es decir, ¿merece realmente la pena archivar y guardar todo lo que se produce en Internet, a modo de registro histórico? Algunos autores se han preguntado si valdría la pena archivar una copia de todo lo que se edita en Internet en un idioma concreto como el español. Cataluña, por ejemplo, lo hace. Sus autoridades han dispuesto que se guarde una copia de todas y cada una de las páginas que aparecen en Internet bajo el dominio cat. Para ello han destinado cantidades ingentes de dinero. El Gobierno español ni siquiera se ha planteado un proyecto similar.

Posicionamiento y explotación de los contenidos en español a través de Internet

El analista del Instituto Elcano, Javier Noya,4 ha destacado la importancia que tiene incrementar el volumen de la digitalización de contenidos en español y, sobre todo, posicionar bien esos contenidos en los buscadores de Internet para asegurar una buena difusión de los mismos en la Red.

Noya ha utilizado los estudios de Zook5 y del Instituto Cervantes 6 sobre la geografía y los iconos culturales en Internet para llegar a la conclusión de que no siempre los países que más consumen horas de Internet son necesariamente los que más contenidos producen para la Red.

Después de analizar el comportamiento de los usuarios de diversos países, concluye que la lengua es un factor determinante a la hora de consumir contenidos, lo que es razonable. Sin embargo, explica que países como Japón y España, que se encuentran entre los primeros consumidores de contenidos en Internet, no sirven contenidos a la Red en la misma proporción. Es decir, son países dependientes que consumen lo que otros elaboran para Internet. Esto es particularmente desolador en el caso de España, que maneja una de las lenguas de mayor penetración en el planeta y no es capaz de producir contenidos para sus propios consumidores.

España consume gran cantidad de contenidos, como Chile, Bolivia y Colombia, entre los países de habla hispana. Pero todos ellos son países que no exportan contenidos. En nuestro contexto cultural, países como Costa Rica, Ecuador, Paraguay y Perú son los que producen más contenidos para la Red, al exportar contenidos relacionados con el turismo que otros consumen.

El caso de España es llamativo porque denota que, a pesar de utilizar una lengua mayoritaria y en aumento, produce mucho menos de lo que consume. Es decir, se da la trágica circunstancia de que otros países productores de contenidos se están beneficiando del atractivo de la cultura española.

Estudios como los de Luis Cueto y Chimo Soler, este último Jefe de Sistemas Informáticos del Instituto Cervantes, ponen el dedo en la llaga al señalar a Picasso, por ejemplo, como el icono cultural español más buscado en la Red, sin que Madrid o España, donde residen las principales colecciones del pintor, aparezcan como servidores de dichos contenidos, a pesar de contar con museos de referencia sobre Picasso como el Reina Sofía, donde se encuentra el Guernica, o los museos de Málaga y Barcelona especializados en el pintor.

El Guernica es el cuadro más consultado de la Red y, sin embargo, sus referencias no aparecen vinculadas a contenidos elaborados en España. Esto es dramático porque permite a otros países rentabilizar gran parte de la riqueza que España genera desde el punto de vista cultural.

Para paliar este tipo de desequilibrios el Instituto Cervantes se dispone a elaborar contenidos específicos que permitan a España recuperar el liderazgo en la explotación de sus propios recursos culturales. En el caso de Picasso, el Instituto está tratando de llegar a acuerdos con museos e instituciones relacionadas con el pintor para construir un gran portal, bien posicionado, que sirva de entrada a quienes se interesen por Picasso en el mundo.

Lo mismo ocurre con otros iconos culturales como Dalí o Gaudí. Son recursos culturales españoles que España no explota en toda su dimensión y que constituyen materia de primera magnitud a la hora de explotar la cultura española en la Red.

Los análisis de Cueto, Soler y Noya sobre los iconos hispanos más buscados en la Red utilizaron herramientas como el Overture de Yahoo, el segundo buscador de la Red por detrás de Google, ya que permite diferenciar los resultados por países y por lenguas utilizadas. De esta manera determinaron que España tiene un alto peso específico en las artes plásticas. Cuatro de los diez primeros iconos culturales más buscados en esta área son españoles: Picasso, Dalí, El Greco y Miró. Esta clasificación coincide, por ejemplo, con el interés que despiertan estos artistas en ciudades como Chicago, donde su Art Institut ofrece obras de estos autores, abundantes y de calidad, y han convertido a Picasso en objeto principal de sus actividades, como la exposición que estos días tiene lugar allí titulada «De Picasso a Cézanne».

Con todo, el recurso hispano más buscado en la red es Ricky Martin, que en los estudios mencionados aparece en el puesto 23, mientras Picasso, el recurso español más buscado, aparece en el puesto 30, seguido de Dalí, en el 46, Antonio Banderas, en el 59 y Cervantes, en el 80.

Francia e Italia también tienen gran peso en el ámbito de las artes plásticas, hasta el punto de que el Instituto Italiano de Cultura se dispone a crear en los próximos meses un curso de italiano para hispanófilos a través de Internet utilizando el gancho de la arquitectura y las artes italianas como tema principal.

El Reino Unido tiene mayor presencia en la literatura y Alemania en la música culta. Como se ve, la geografía de la Red arroja datos interesantes que es posible explotar con un poco de audacia para ajustar la oferta de contenidos a la demanda.

Desde esta perspectiva, el retraso de los países europeos respecto de Estados Unidos en el ámbito de las nuevas tecnologías aplicadas a la Red tiene que ver, desde mi punto de vista, con la falta de visión de futuro y el apego tradicional a los recursos clásicos de aprendizaje y comunicación. Nos hemos puesto a discutir sobre la bondad o maldad de las nuevas tecnologías antes de producir contenidos útiles para su difusión mediante las nuevas herramientas.

España, por ejemplo, es una potencia mundial en el ámbito de la producción editorial, pero no está a la misma altura a la hora de producir contenidos para Internet. Puede que las empresas no hayan encontrado aún el modelo ideal de explotación comercial en la Red. Sin embargo, resulta desolador descubrir que un usuario español tenga que utilizar operadores norteamericanos para comprar libros a través de Internet. Las librerías españolas emplean buscadores y plataformas de compra virtuales norteamericanas. Google busca acuerdos con empresas productoras de contenidos en español mientras Telefónica no es capaz de convertir su red de comunicaciones en todo el mundo en el principal vehículo de difusión de contenidos de calidad en español por falta de agilidad burocrática. Y eso ocurre porque la compañía aún no ha entendido que el verdadero valor añadido de Internet se encuentra en la difusión del idioma y de los contenidos culturales en español.

Para darse cuenta del peso real que tiene el español en la Red, insuficiente a todas luces, basta con saber que de los 20 000 millones de páginas que tiene registradas Yahoo en Internet, sólo el 4,6 por ciento están en español. Este es un porcentaje menor que el de usuarios hispanohablantes de Internet, que alcanza ya el 9 por ciento.

El español se sitúa como la cuarta lengua más usada en la Red. Sin embargo, los españoles publicamos menos en Internet que otros hablantes, al considerar la Red como una utilidad más y no como un vehículo fundamental de expresión.

La web 2.0, la que ya construyen usuarios de todo tipo con sus contribuciones mediante blogs, listas de distribución, etc., está llamada a ser el gran sostén de la Red en los próximos años. Los individuos ya producen más que las instituciones en su conjunto y ello determina que hay que impulsar la creación de contenidos individuales en la Red. Pero en este ámbito, de nuevo, no todas las culturas producen por igual. Los anglosajones son más individualistas y, además, posicionan mejor sus contenidos.

Esto provoca que los contenidos culturales se deslocalicen, esto es, que aparezcan iconos como Picasso más vinculados a Francia que a España o que Velázquez esté más vinculado a la National Gallery de Londres que al Prado, a pesar de que su obra más abundante y de mayor calidad está en la pinacoteca española.

Al final se pone de manifiesto que la presencia en Internet depende de técnicas de posicionamiento que están trastornando el valor económico de los productos culturales que cada país puede elaborar.

Un dato interesante es conocer a través de qué lenguas se consultan los iconos culturales de un país como España. Si descubrimos que Picasso es muy consultado en inglés desde Sudáfrica, o que también interesa mucho a los usuarios polacos y turcos, ¿no sería interesante producir material sobre Picasso en esas lenguas vinculando sus contenidos a instituciones de referencia españolas?

Así las cosas, no basta confiar en la historia que tiene detrás una lengua como la española, sino que es necesario adaptarse a los nuevos soportes como si de ello dependiera la supervivencia del idioma que hoy hablan más de 400 millones de personas. Igual que la Real Academia publica su Diccionario esencial para poner por delante las palabras que más se usan en la sociedad prescindiendo de los vocablos que caen en desuso, la Red provoca una selección natural de los idiomas, que podría provocar la muerte de unos y la consagración de otros, basándose en un simple problema de evolución y adaptabilidad darwinianos a los nuevos medios de comunicación.

Conclusiones

  1. El español es la cuarta lengua de uso por número de usuarios conectados, con el 9 por ciento, tras el inglés, el chino y el japonés.
  2. La demanda de documentos en español es también la cuarta en importancia, aunque el español ocupa una posición inferior en cuanto a la oferta, es decir, al número de documentos publicados. Se produce poco material en español. Sin embargo, los estudiosos del asunto llaman la atención sobre la importancia no de producir más sino mejor.
  3. Producir contenidos de calidad y colocarlos bien en la Red son recetas indispensables para triunfar en el mercado de Internet. El Instituto Cervantes es un ejemplo: con una producción relativamente pequeña (medio millón de páginas en Internet) ofrece contenidos de calidad que además ocupan lugares relevantes en las consultas de los usuarios, gracias a una buena política de posicionamiento en la Red.
  4. Las culturas española e hispanoamericana compiten con la angloamericana, la francesa, la italiana y la alemana, y lideran el ámbito de las artes plásticas.
  5. La demanda de cultura española e hispanoamericana en Internet es especialmente importante en arte; así los iconos más relevantes son Picasso, Dalí y Miró. El segundo ámbito en importancia es la música, donde los iconos más requeridos son Shakira y Ricky Martin. El icono más relevante en literatura en español es Pablo Neruda.
  6. La mayor demanda de cultura española se efectúa en lengua inglesa y es en Estados Unidos donde se producen la mayor parte de los documentos y los más relevantes en español para Internet. Los contenidos de estos documentos, en cambio, son de baja calidad. En ellos prevalecen las referencias locales. Picasso, por ejemplo, está poco vinculado con el Reina Sofía o Madrid, a pesar de ser el Guernica el cuadro más solicitado de la Red.
  7. Los productos culturales son los más solicitados y comprados en la Red. Los españoles cada vez venden más libros, música, DVD y entradas a espectáculos a través de la Red, pagando, sin embargo, para obtener visibilidad un peaje cada vez mayor a los buscadores anglosajones.

Notas