El mestizaje global: Ciudades e infraestructuras Ángel Simón Grimaldos
Agbar / Veolia (Epaña)

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Antes de nada, me gustaría dar las gracias por estar hoy aquí, en este foro que celebra y pone en valor la convivencia y el contacto entre culturas que permiten avanzar de un modo sostenible y justo, para todos.

En esta mesa de hoy valoraremos el papel de la confluencia de culturas en el desarrollo y evolución de los territorios urbanos y el esqueleto sobre el que se sostienen: las infraestructuras. Partiendo del estudio de la influencia del contacto entre culturas en el modelo urbano y de gestión de las infraestructuras, comentaremos, entre otros temas: el necesario marco legislativo y cultural que acompañó e impulsó el desarrollo de las ciudades, y la influencia que la interculturalidad tuvo en las leyes sobre el orden urbano en la América Hispana desde el siglo XVI; el papel del mestizaje territorial y otros mestizajes como el de la gobernanza, y su reflejo en el desarrollo de infraestructuras y ciudades; y la repercusión del mestizaje global y su conocimiento histórico en la creación de las nuevas infraestructuras de nuestro tiempo.

La historia nos ha enseñado que las grandes civilizaciones han logrado prosperar gracias a la colaboración y al contacto constante con otras culturas de las que aprendieron lo necesario para poder continuar evolucionando a nivel social y tecnológico. El contacto entre distintas culturas es una fuente de inspiración e influencia de valor incalculable.

Como seguro escucharemos del doctor Ruiz-Domènec en el panel de hoy, podemos aprender de las lecciones que la historia nos deja, aplicarlas a nuestra forma de pensar y actuar a todos los niveles, incluyendo la innovación y la gobernanza.

El valor incalculable al que he hecho referencia puede aportarse en una gran variedad de ámbitos, también en las infraestructuras, para poder contar con las innovaciones y las técnicas más eficientes. A modo de ejemplo, los grandes acueductos de la antigüedad que hoy vemos en diferentes puntos de España dotaron de agua a ciertas localidades hasta bien entrado el siglo XIX en algunos casos. Sirvieron de testimonio silente de un progreso tecnológico sobre el que se basaron otros nuevos. Si bien es cierto que un acueducto —una infraestructura— obedece para su construcción a los parámetros establecidos por la ciencia y la tecnología en cada momento, esta infraestructura deviene en pieza clave de manifestación y confluencia de mestizaje.

Partiendo de mi experiencia profesional y personal, compartiré un primer ejemplo de ciudad en la que podemos identificar este progreso compartido que afianzó el concepto de infraestructura y ciudad contemporánea en base a una obra como es el acueducto, en concreto, me refiero al acueducto de Albear. Esta gran obra de ingeniería fue considerada la más importante realizada en La Habana en todo el siglo XIX. Además, permitió resolver una necesidad, dar respuesta a un reto que atravesaba la ciudad desde su fundación: el difícil acceso al agua. Esta infraestructura sigue operativa hoy día, cumpliendo la misma función para la que fue concebida.

Este proyecto de conducción a la Ciudad de San Cristóbal de La Habana de las aguas de los manantiales de Vento fue desarrollado en 1856 por Francisco de Albear, ingeniero por la Academia de Ingenieros del Ejército de Guadalajara, quién tuvo una fuerte influencia, y así ha sido reconocido, por la construcción de “Aguas de Madrid”, es decir, el Canal de Isabel II, en 1848. Así, ambos proyectos partieron de una estrategia común, relacionada con el abastecimiento por gravedad de abundantes aguas, capaces de satisfacer las crecientes necesidades de la población. Este es un ejemplo de mestizaje.

Después de más de 100 años de explotación, se realizó, a principios del año 2000, la rehabilitación del canal y acueducto, en la que participó nuevamente ingeniería y financiación española. En 1997 se firmó un protocolo con la Agencia Española de Colaboración Internacional (AECI), en virtud del cual se recibieron subvenciones en los años 1997, 1998 y 1999 para acometer la rehabilitación del Canal de Albear. En el año 2000 se creó la empresa Aguas de La Habana (grupo Agbar), la cual tendría un papel importante en la ejecución de los trabajos de rehabilitación.

Al otro lado del océano de la ciudad en la que hoy nos reunimos, el ejemplo de infraestructura que acabo de compartir —y la arquitectura que la acompaña— fueron aplicados para poder resolver los grandes retos a los que esos entornos debían hacer frente.

Durante su intervención, el doctor Batlle podrá compartir con nosotros otros ejemplos de obras hidráulicas y relacionadas con el abastecimiento de agua.

Dejadme que continúe en este punto una reflexión sobre el concepto de mestizaje desde la perspectiva empresarial. El mestizaje se da en la concreción de las cosas. En ese sentido, la figura del empresario es clave. Son necesarios emprendedores con conocimiento, fecundidad y capacidad creativa, así como capacidad de gestión y ejecución, para concretar con éxito los proyectos. Una infraestructura, que tiene a la vez una finalidad empresarial, social y tiene un impacto medioambiental, es un claro ejemplo de concreción a través del cual se puede hacer efectivo el mestizaje.

Asimismo, podemos decir que hay mestizaje en los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas (ODS), un llamamiento universal a la acción para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y mejorar la vida de las personas, en base al diálogo, la colaboración público-privada, la corresponsabilidad, el emprendimiento y la diversidad de puntos de vista.

Así, el mestizaje en la actualidad se manifiesta, también, en la voluntad de construir y avanzar en cada proyecto en base a objetivos compartidos. El actual proceso de globalización, facilitado por las nuevas tecnologías, nos ofrece una oportunidad sin precedentes de colaborar prácticamente en tiempo real, haciendo confluir de manera ágil diversos puntos de vista. De este modo, comprendemos la aportación del mestizaje cultural como una fuente de información y conocimiento de gran valor para poder dar forma a nuevas propuestas y hacer frente a los retos globales actuales y futuros.

Permitidme ahora que destaque la relación entre infraestructura y ciudad: la evolución de las ciudades a lo largo de la historia ha ido siempre de la mano de los avances en las infraestructuras. Podemos identificar las infraestructuras y las ciudades como testimonio perdurable de la convivencia y unión de culturas.

Me he referido también a la cercanía de conceptos como infraestructura y arquitectura. El mestizaje cultural ha dado lugar a una variedad de estilos y técnicas que se refleja en las infraestructuras de las ciudades y en la arquitectura de la época. Así, donde más se refleja el mestizaje es no tanto en la infraestructura, que obedece a los parámetros establecidos por la ciencia y la tecnología, sino en la arquitectura que la acompaña.

Siguiendo con el ejemplo de la ciudad de La Habana, existen en ella cerca de 500 edificios considerados de alto valor patrimonial entre casas, villas, iglesias, monasterios y fortificaciones. Reflejo de esa unión de culturas y épocas serán esos entramados urbanos, en los que encontramos la Catedral de La Habana, el Palacio de Aldama, el Castillo de la Real Fuerza o el Edificio Bacardí.

Citaré ahora un segundo ejemplo de influencia y fusión de culturas, que es la ciudad de Santiago de Chile. Las distintas comunas que conforman la ciudad debieron ampliarse rápidamente para dar cobijo a una población creciente, fruto especialmente de la migración campo-ciudad. Había, por supuesto, población local previa a la llegada de los europeos. Con todo, pese a las acuciantes necesidades de ampliación, en sus barrios y comunas dejaron huella inmigrantes alemanes, franceses, italianos e ingleses, que unieron esos estilos particulares con el propio del campo chileno, especialmente en las zonas del sur de la ciudad. Dejaron su impronta, también, arquitectos de la talla de Le Corbusier cuando irrumpió en el país el Movimiento Moderno.

Destacaría, en cuanto a infraestructuras desarrolladas, y como elemento de mestizaje moderno, el Zanjón de la Aguada, un cauce que cruza la ciudad de Santiago y que, a lo largo de la historia de dicha ciudad, ha sido objeto de numerosos cambios. Por desgracia, durante muchos años, ese cauce fue el escenario de episodios de crisis de notable gravedad, como brotes de epidemias y desbordamientos, debido a la mala gestión que se hizo del mismo. No ha sido hasta una época relativamente reciente cuando, finalmente, se actuó desde el conocimiento y la capacidad de gestión sobre ese cauce para dotarlo de una mejora estructural que le permitiese, no sólo ser más resiliente, sino convertirse en un elemento de defensa activo contra nuevos episodios climáticos.

Me gustaría también destacar otro ejemplo de mestizaje, a través de la cooperación y puesta en común de conocimientos y expertise. La canalización del río Mapocho fue una obra de remodelación urbana del lecho del río en su paso por la ciudad de Santiago que se realizó entre los años 1886 y 1891. Esta obra permitió encauzar las aguas del torrente en la época invernal y la transformación de ambas riberas del Mapocho con la construcción de edificios, puentes y parques públicos. Ante la necesidad de tener mano de obra especializada, el Gobierno chileno incorporó, en 1889, a 108 albañiles catalanes para ayudar en las obras de canalización. Para agilizar las labores, como debían desplazarse a lo largo del río, se instaló en el lecho una línea férrea. Esto conllevó una oportunidad de intercambio y mestizaje que ha perdurado en el tiempo.

Si cada época ha vivido sus propios retos, los actuales nos encaminan, ciertamente, a la búsqueda de soluciones basadas en la sostenibilidad y la resiliencia, para hacer frente a la emergencia climática mundial. Las necesidades de cada época marcan el desarrollo de las infraestructuras y las ciudades. Hoy en día, el cambio climático es el principal reto que afecta a las infraestructuras y a su gestión y el estrés hídrico es una realidad cada vez más habitual

Por mi trayectoria, me podría referir en concreto a las infraestructuras del agua. He ejercido profesionalmente en países en los que la relación con el agua ha sido y es compleja. En este sentido, podemos hablar, también, de un factor esencial que completa la importancia de las infraestructuras. Hablábamos antes de la relación entre infraestructura y arquitectura. Ahora, si me lo permitís, pondré el foco en la gestión de la infraestructura. Algo que entra, por mi vocación, en mi ámbito de conocimiento y experiencia.

La gestión es una parte crucial de la infraestructura. Una gestión eficiente, se basa en el principio de excelencia operativa, en este caso, del ciclo integral del agua y se entiende como la sinergia perfecta entre conocimiento experto, la innovación tecnológica y el compromiso de servicio a las comunidades. El conocimiento nos permite mejorar la operación e impactar en la sociedad de forma positiva.

Es algo en lo que podemos estar de acuerdo: podemos tener una infraestructura que cuente con las últimas tecnologías y avances, pero, si no está gestionada de la forma correcta, en un marco de gobernanza adecuado, estaremos desaprovechando su potencial. Y en el ciclo del agua y sus infraestructuras, en este contexto que comentábamos de acuciante estrés hídrico, es algo que no nos podemos permitir.

Tradicionalmente, la gestión de las infraestructuras relacionada con el agua se basaba en una gestión marcadamente lineal, que consumía recursos, pero no buscaba su reutilización o revalorización. El concepto de economía circular no ha sido desarrollado ni aplicado de manera explícita hasta fechas recientes.

La concienciación en relación con el cambio climático y nuestra relación con el planeta ha conllevado una evolución en la manera de visualizar y comprender la gestión de las infraestructuras [relacionadas con el agua] dando forma al concepto de «infraestructuras verdes», en el que tienen cabida, por ejemplo, el drenaje urbano sostenible y en general las «soluciones basadas en la naturaleza» (Nature Based Solutions). Así, las infraestructuras verdes ayudan a regenerar el medio ambiente, la flora y la fauna —la biodiversidad en su conjunto—, con impacto positivo en la salud de las personas.

La colaboración público-privada es un factor esencial que debemos ser capaces de impulsar para poder seguir contribuyendo a la mejora de las infraestructuras. Hemos hablado antes de la unión de culturas, la unión entre países y personas de todo el mundo, por ejemplo, en el marco de los ODS. Es un llamamiento también, a las instituciones que conforman el tejido económico y social. Empresa, administración y ciudadanía deben ir de la mano para impulsar todos los cambios necesarios para afianzar los principios del desarrollo sostenible, para que todos podamos convivir en un mundo más justo y saludable, disminuyendo las desigualdades, garantizando el acceso a los recursos y servicios de las generaciones presentes y futuras.

La colaboración y unidad a nivel global cobran especial relevancia en la gobernanza del agua.

El doctor Brewer Carías en su exposición se referirá a la importancia histórica del proceso de creación e implantación de una legislación relativa al impulso de las infraestructuras.

En la actualidad debemos impulsar un marco regulatorio sólido a nivel global para poder avanzar hacia una gestión más sostenible y resiliente del agua, que nos permita preservar tan valioso recurso y actuar de forma eficaz en períodos de escasez para garantizar su acceso y uso. Existe, también, una clara necesidad de inversión: las infraestructuras del agua requieren de importantes actualizaciones para poder hacer frente a los retos de hoy y, también, aprovechar las grandes oportunidades que nos brinda el contexto de revolución y transformación digital actual. Es algo que no podemos dejar pasar. Tenemos las ideas, el conocimiento, la tecnología... es igualmente necesaria la inversión en infraestructuras sostenibles y resilientes, así como la gobernanza.

La gestión futura de infraestructuras solamente será posible con un mestizaje global reforzado, reforzado con elementos como la economía circular, las soluciones basadas en la naturaleza, una gobernanza sólida, el trabajo conjunto ordenado a través de la colaboración público-privada para dar respuesta a los desafíos, dentro de un marco de seguridad jurídica, y confluyendo en los Objetivos de Desarrollo Sostenible que nos sitúan en una hoja de ruta común.