Carlos Reis

Estrategias de internacionalización del español y el portuguésCarlos Reis
Rector de la Universidad Abierta de Lisboa (Portugal)

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La vecindad entre el portugués y el español tiene, ante todo, un carácter geográfico, y esta vecindad, en Europa y en América Latina, es consecuencia de un trayecto histórico con considerables afinidades en su recorrido. No obstante, la vecindad entre los dos idiomas remite a otras cuestiones, en general relacionadas con las estrategias de internacionalización de que ambos han sido objeto, en el ámbito de las respectivas políticas externas.

La presente comunicación parte de lo que acabo de expresar y trata de prioridades y medidas estratégicas en cotejo, es decir, teniendo en cuenta intereses y propósitos comparativamente comunes, en lo que se refiere a la mencionada internacionalización. Cuatro prioridades estratégicas que pueden ser consideradas en este contexto: primera, la concentración de esfuerzos, más allá de la esfera de la difusión lingüística propiamente dicha; segunda, la racionalización instrumental, teniendo en vista entidades que intervienen en el proceso de internacionalización; tercera, la legitimación, entendida como dinamización de medidas cuyo objetivo es conferir credibilidad y «valor añadido» a acciones de afirmación internacional de las lenguas; cuarta, la formación, considerando que la enseñanza de ambas lenguas en el extranjero y a no-nativos requiere una preparación adecuada, a nivel científico-pedagógico.

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Inicio esta reflexión proponiendo una definición y su respectiva aclaración: la noción de internacionalización de la lengua tiene que ver aquí con un proceso eminentemente político de afirmación y de diversificación funcional de una lengua en el escenario internacional, como idioma usado en países extranjeros, en funciones culturales y académicas, pero también en otras utilizaciones de prestigio: ciencia, Internet, traducción e interpretación, negocios, etc. Un proceso así convoca, además de a los agentes políticos que el Estado define a este propósito, a otros agentes (fundaciones, asociaciones culturales, artistas, escritores, científicos, etc.) y exige un trabajo persistente, con ponderación estratégica.

Y ahora, la aclaración: el concepto de internacionalización de la lengua debe implicar la articulación de la lengua y de la cultura, siendo esta última entendida como instancia de afirmación de valores y de sentidos de identificación nacional. En esta instancia es donde se modela una herencia histórica plasmada en diversos campos con multisecular vitalidad (literatura, teatro, pensamiento, música, etc.); pero también en ella es donde se inscriben prácticas y agentes de nuestro tiempo (deporte y deportistas, factores económicos, comunicación social, moda, design, artes plásticas, arquitectura, cine, etc.). Todos son elementos portadores de imágenes relevantes que identifican dos lenguas en convivencia, el portugués y el español. De esta convivencia se deducen actitudes de entendimiento y de conjunta pro-actividad, provocadas también por conveniencias y por afinidades que no son sólo de carácter lingüístico.

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Por parecerme necesario, me detengo ahora, de forma breve, en consideraciones sobre la geografía de la lengua portuguesa fuera de Portugal. Las grandes manchas, los espacios vacíos y los lentos declives que esta geografía muestra interfieren en la dimensión internacional de la lengua portuguesa y determinan medidas concretas, de establecimiento de prioridades, de refuerzo o de convocatoria de recursos. Lo que significa que estarán aquí en causa sobre todo los espacios de difusión de la lengua portuguesa y también los escenarios en que esa difusión determina situaciones de convivencia con el español.

Teniendo en cuenta las grandes manchas de la presencia portuguesa en el mundo, se comprueba que Europa (sobre todo en países de la Unión Europea) es el espacio de mayor significado, desde el punto de vista cuantitativo : 1de un total de casi dos millones de portugueses (1 921 844) residentes en Europa, la gran comunidad se encuentra en Francia (un poco menos de un millón, 949 581), seguida del Reino Unido (350 000), de Suiza (en torno a 150 mil; 166 841), de Alemania (129 696), de España (108 000) y de Luxemburgo (85 000). En América del Norte radica la segunda zona de intensa presencia portuguesa: más de un millón y medio (1 567 715) de residentes, con casi un millón (973 300) en los Estados Unidos y un poco más de medio millón (594 415) en Canadá. En América Central y en Suramérica se cuenta un millón 300 mil (1 393 709) de portugueses residentes, con acentuadas manchas en el Brasil (786 500) y en Venezuela (590 000). El África Subsahariana registra cerca de 300 mil (299 996) residentes, con números proporcionalmente abrumadores en África do Sul (274 200). En Asia residen 163 333 portugueses2 y en Australia 57 250.

Deliberadamente, lo que he dicho hasta ahora se dirigía a analizar grandes áreas geográficas y no países concretos. Para ello sería necesario proceder a una observación más detallada, que permitiría entender hasta qué punto los esfuerzos portugueses para internacionalizar la lengua en países de lengua española de América del Sur (exceptuando el caso de Venezuela, por la presencia de una importante comunidad de emigrantes y de luso-descendentes) son competidores o aliados de la presencia del Brasil, en especial en la zona del Mercosur. Me limitaré a decir lo siguiente: el efectivo crecimiento del portugués, en el extremo sur de América Latina, está directamente relacionado con la dinámica y con el peso brasileños en el ámbito de esta zona económica y no con políticas de difusión de la lengua de responsabilidad portuguesa; inversamente, es ésta también la explicación lógica para la penetración del español en el Brasil.

Además de esto, se justifica aquí un breve comentario a la específica situación del portugués en España, traduciendo otra forma de convivencia lingüística. Los números son significativos: en unos 20 años y en una modalidad de enseñanza en que predomina la integración en escuelas públicas, se ha pasado de poco más de 100 alumnos a 10 642 (en 2007/08). Lo que es más significativo es que este aumento se debe sobre todo a estudiantes españoles: hace veinte años, ese escaso centenar de estudiantes estaba formado únicamente por jóvenes portugueses, pero en 2007/08 los españoles representaban ya el 72,11 % del total. Estos índices permiten suponer que factores como la proximidad geográfica, aliada a la fuerte presencia de la economía española en Portugal y también a acciones de difusión cultural en el país vecino han contribuido a la revisión de la imagen de la lengua y de la cultura portuguesa en España. Del lado de acá de la frontera (o sea: en Portugal), el crecimiento es también impresionante: de poco más de 5 mil estudiantes de español, en 2005 y en la enseñanza básica y secundaria, se ha pasado, en 2009, a casi 50 mil. Lo que bien puede inspirar, desde luego en un plano de referencia simbólica, el establecimiento de alianzas estratégicas que, en escenarios de presencia e interés comunes, beneficien a los dos grandes idiomas ibéricos. Dos ejemplos: la búsqueda de entendimientos en los departamentos universitarios fuera de Portugal y de España y la institución de escuelas bilingües en la raya fronteriza luso-española, proceso que ha sido emprendido, y con gran éxito, en regiones fronterizas franco-alemanas.

La cuestión de las alianzas estratégicas merecería toda una reflexión autónoma. En lo que se refiere a la internacionalización del portugués, pienso en las sinergias que se podrían conseguir, si los países de lengua portuguesa con mayor capacidad de actuación en este terreno (en este momento, Portugal y Brasil) supieran conjugar esfuerzos y, siempre que fuera factible, compartir instrumentos de intervención. Hay testimonios que confirman esta orientación: me refiero a la intervención de Anna Klobucka en una reunión de trabajo sobre promoción de la lengua portuguesa en el mundo, el 5 de noviembre de 2007. Según esta profesora de Portugués de la Universidad de Massachusetts en Dartmouth y desde su punto de vista, por así decirlo, «exterior», «es posible y deseable trabajar conjuntamente con brasileños en proyectos de promoción de la lengua portuguesa en terceros países».3 Entre tanto, en documentación emitida por el proyecto de la Fundación Luso-Americana para el Desarrollo «The Portuguese Language Initiative» se llama la atención hacia algo que en Portugal no siempre se reconoce: que el poder económico del Brasil puede contribuir a «apalancar» la internacionalización del Portugués y a afianzarlo en Estados Unidos. Y se subraya en esa documentación: de las 500 mayores empresas representadas en Fortune, 400 tienen negocios directos con el Brasil; y la mitad de los negocios norteamericanos en América Latina se sitúa en el Brasil.

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Las consideraciones que voy a hacer seguidamente traducen hipótesis de trabajo fundamentadas en lo que acabo de decir, obviando, claro está, diferencias y distancias entre las situaciones respectivas del portugués y del español, como idiomas «internacionalizados». Trato, así, de operar la transición conceptual del sentido de la convivencia (tema que inspira esta sección de intervenciones) al de la complicidad, que tiene sobre todo una tonalidad afectiva, y después al de la convergencia estratégica. Abordando este último concepto, me parece pertinente distinguir dos grandes ejes de actuación fundamentales, también en función de los cruces que estos registran entre sí:

  • El eje de la enseñanza. Deben aquí ser distinguidas por lo menos dos situaciones: por un lado, la que respecta a la enseñanza de la lengua en contexto universitario; por otro, la que se refiere a la enseñanza de la lengua en niveles de escolaridad básica y secundaria. Temas como el de la formación del personal docente, el de la certificación o el del apoyo a la docencia requieren tratamientos diferenciados, de acuerdo con esas situaciones.
  • El eje de la distribución geográfica. Parece claro que las cuestiones planteadas en los Estados Unidos o en Europa, en países con fuerte presencia de comunidades de emigrantes y de sus descendientes, en el Oriente o en América Latina, exigen análisis autónomos y soluciones propias.

El sentido de convergencia estratégica a que he llegado, pensando en la internacionalización del portugués y del español, se relaciona con medidas y con instrumentos de acción en áreas tal vez ya ocupadas por entidades diversas. Incluso así, insisto aquí en la pertinencia de algunas de esas medidas, sobre todo cuando me parece factible que éstas cultiven el propósito de convergencia estratégica que estoy afirmando.

Una medida estratégica: un plan (o planes) de sociedades, para que de manera programada y articulada se aprovechen recursos disponibles y equipamientos, convocando a entidades oficiales (Instituto Camões e Instituto Cervantes), entidades consultivas, agencias económicas, institutos de cooperación, fundaciones, etc. Una segunda medida estratégica: la inversión en la formación de profesores, incluyendo el establecimiento de requisitos formales de índole académica que permitan este ejercicio; la formación de profesores debe ser regida por programas sistemáticos y concebidos para ese efecto, tal vez a partir del análisis crítico de lo que ya existe, eventualmente en régimen de contratos-programa con instituciones universitarias que llegarán hasta el nivel de la pos-graduación; en el contexto que aquí está en causa, hay que reanalizar críticamente los conceptos de lector y de lectorado, ya que ambos están relacionados con una concepción universitaria de la enseñanza de la lengua, con riesgo de limitada penetración en la comunidad (ciudad, región, etc.) en que se encuentran. La tercera medida tiene que ver con la investigación científica, incluso sabiendo que la investigación de la didáctica de lengua extranjera no está desprovista de producción científica, tanto en Portugal como en España; lo que importa es crear condiciones para que esta investigación científica esté más articulada con problemas y con situaciones concretas, lo que podría hacerse a través de contratos-programa con universidades y con centros de investigación, con participación de investigadores de los dos idiomas.

Añado a las medidas que he enunciado, y siempre en la óptica de la convergencia estratégica entre dos lenguas en convivencia, un conjunto de instrumentos de acción que, a mi entender, tienen homóloga justificación. Un instrumento de acción: cuadros de referencia,4 en sintonía con lo que está consignado en el Marco Europeo Común de Referencia para las Lenguas, con potencial de orientación curricular, de regulación pedagógica y de evaluación de la enseñanza; se trata aquí también de pensar procedimientos de cotejo, en una perspectiva contrastiva, entre la orientación y la regulación de los dos idiomas, como lenguas extranjeras y enseñadas en el extranjero. Segundo instrumento: programas locales, pensados y dirigidos hacia contextos de enseñanza específicos, con lógicas de desarrollo, validación, evaluación y apoyo institucional semejantes, cuando se orientan hacia espacios de crecimiento del portugués y del español; en el caso del portugués, África meridional y el programa PROLINGUA son buenos ejemplos de lo que he dicho. Otro instrumento de acción: observatorios de la lengua en el extranjero, especialmente relevantes en escenarios de actuación complejos y que estén atentos a la diversidad de situaciones geolingüísticas, socio-culturales y técnico-pedagógicas que la enseñanza de una lengua extranjera encuentra; pienso aquí en organismos con estructura leve y que integren a personalidades independientes, con funciones de diagnóstico y de orientación, de producción de acompañamiento y de dinamización de proyectos de investigación y de apoyo a la enseñanza.

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Y acabo: esa vieja imagen del Español como lengua «fácil» y eludible que ha formado parte del imaginario de mi generación, si no ha quedado sin efecto, está cerca de ello. A ello han contribuido muchos factores que ahora no puedo detenerme en analizar, aunque no hay duda de que en todos ha pesado un más amplio y más profundo conocimiento del otro. Y también el conocimiento de la lengua del otro, como forma de vivir, o de con-vivir, mejor con ese otro. Para recordar ahora lo que un día escribió Roland Barthes: «Todo rechazo de una lengua es una muerte».

Notas

  • 1. Números de octubre de 2006. Fuente: Secretaria de Estado das Comunidades Portuguesas. No procedo a hacer aquí distinciones generacionales ni el cómputo de los chamados lusodescendientes. Volver
  • 2. Un número considerable de este grupo corresponde a ciudadanos de Macao a los que, en los años 80, les fue concedida la nacionalidad portuguesa. La mayor parte de ellos no tienen la lengua portuguesa como lengua materna o ni siquiera son hablantes de nuestro idioma. Volver
  • 3. Cf. Promoção da Língua Portuguesa no Mundo. Reunião de Trabalho realizada na Fundação Luso-Americana em 5 de Novembro de 2007, ed. cit., pp. 37-38. Volver
  • 4. En el caso del portugués: el llamado QUAREPE (Quadro de Referência para o Ensino Português no Estrangeiro). Volver