Jaime Alejandro Rodríguez Ruiz

Deseos, derrames y cacofonías de la creación literaria en tiempos de ciberculturaJaime Alejandro Rodríguez Ruiz
Departamento de Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá (Colombia)

Resumen

Con base en las categorías ofrecidas por Piérre Lévy en el capítulo: Vinculo entre espacios.1 Hacia una filosofía política, de su libro: Inteligencia colectiva. Por una antropología del ciberespacio (2004), mostraré cómo la creación literaria contemporánea está tensionada por dos factores: de un lado,  las relaciones armónicas entre los espacios, esto es, los deseos de ser  y los derrames de la cibercultura (o espacio del conocimiento) de/sobre la creación literaria y, de otro lado, por las relaciones cacofónicas entre los espacios (los llamados cuatro puntos cardinales). Ensayaré e ilustraré con algunos ejemplos tomados de la narrativa contemporánea, cada uno de los conceptos que Lévy propone para los vínculos generales de los espacios  antropológicos y propondré consecuencias para la creación literaria hoy.

Introducción: La cuarta dimensión

Así describo en el artículo Sueños digitales de un escritor, la situación de bloqueo que padecemos los escritores que nos hemos atrevido a hacer uso de las extensiones que ofrecen las llamadas nuevas tecnologías:

Me encuentro en el estudio de mi casa, sufriendo el famoso síndrome de la página en blanco. Sólo que al frente no tengo ni un cuaderno, ni una resma de papel, ni una máquina de escribir, sino la pantalla de un computador portátil que muestra la típica interfaz del tablero de administración de una plataforma de blogs. Llevo ya varios minutos intentando escribir el título de mi «entrada», sin éxito; tampoco he podido empezar a llenar la plantilla de contenidos. Estoy «varado» en medio del camino creativo, pero no por falta de ideas o por desconocimiento del oficio (la publicación de tres novelas y de dos libros de relatos me ubican, sin ambages, en el «campo» de los escritores), sino por la dificultad que encuentro para tomar decisiones sobre la mejor manera de articular las distintas fuentes de información de las que me he armado para construir la entrada. Tengo abiertos en mi explorador la página de búsquedas de Google, la página de YouTube donde he construido mi propio canal, el portal de Facebook en la página del grupo que me acompaña en esta empresa (narrar el planeta nómada), un portal de podcasts donde he seleccionado varias audioconferencias, y varias páginas de información (incluida la correspondiente en Wikipedia), del tema sobre el que quiero hacer la entrada; también están en proceso de descarga dos videos y varias canciones en formato MP3 y, debido a que no alcancé a copiar en mi USB algunos archivos que ahora debo consultar, estoy conectado remotamente al computador de mi oficina, donde busco lo que necesito. De fondo suena la música de una emisora de música clásica que emite vía web.

Pero eso no es todo; en este momento escucho la voz de un amigo mexicano (a quien no conozco personalmente), quien me anuncia por Skype que ha enviado por el chat varios enlaces a su página personal, donde ha escrito sobre el asunto que estoy desarrollando y que puedo hacer uso libre de los contenidos; que puedo hacer enlaces desde mi blog, que haga lo que quiera con eso, que ese es mi rollo; sólo quiere que le cuente cómo me termina yendo. No acabo de despedirme del manito, cuando suena mi iPhone: recibo un mensaje SMS que contiene un video callejero enviado por mi esposa, mi cómplice, y que llega simultáneamente como draft a mi blog.

(Rodríguez, 2009).

He querido comparar esta situación con la del visitante de la cuarta dimensión. Según la explicación que ha ofrecido Carl Sagan en su ya famosa presentación de las dimensiones físicas, pertenecer a un universo con n dimensiones nos condiciona a percibir y a vivir de una manera determinada el mundo, sólo que entre mayor es n más amplio y mejor es la percepción y el conocimiento; de manera que nosotros, los habitantes de un universo de tres dimensiones, podemos apreciar y comprender el limitado mundo de planilandia (mundo de dos dimensiones), pero sólo podemos pensar o proyectar los objetos y seres de la cuarta dimensión.

La perspectiva que yo planteo es que, con el advenimiento del llamado ciberespacio, hemos descubierto una «cuarta dimensión» para la expresión y la comunicación que se suma (sin eliminar) a las anteriores: la oralidad, la escritura y el hipertexto. Esa cuarta dimensión (o frecuencia como la llama Lévy) exige otras maneras de entender la expresividad y reconfigura la operatividad misma del hacer creativo.Las obras de la cibercultura no fomentan mensajes acabados, no se cierran, son por eso obras-acontecimiento, obras-proceso, obras-metamórficas conectadas, atravesadas, infinitamente reconstruidas, y el acto de creación por excelencia consiste en hacer el acontecimiento, aquí y ahora, para una comunidad; incluso en construir el colectivo para quien ocurrirá el acontecimiento. En ese ambiente, valores antes decisivos como la intención del autor y la extensión por registro de su obra quedan como desvanecidos en favor de una inmanencia radical que promueve conexiones entre mundos heterogéneos y una dinámica autoorganizadora en el que la obra se actualiza, socialmente a través de la vida de las comunidades virtuales, cognitivamente por los procesos de inteligencia colectiva y semióticamente bajo la forma del metamundo virtual de la web.

Cuarta dimensión o cuarto espacio antropológico con sus propios instrumentos de navegación (los mundos virtuales), con sus propios objetos (las configuraciones dinámicas de colectivos sujetos-objetos-lenguajes), con sus propios sujetos (los colectivos inteligentes), con su propia epistemología (la práctica social del saber como continuum, la filosofía de la implicación), con su propio soporte (la cosmopedia);2 y también con su propio horizonte de eternidad. Pero igualmente con una dependencia de los otros espacios, vinculándose con ellos armónicamente (por deseos y derrames) o sufriendo la cacofonía de los espacios de abajo que quieren dirigirlo y violentarlo.

Propongo entonces que un «escritor» de la cuarta dimensión, un artista de la cibercultura, un coautor de la cosmopedia sólo puede mirar hacia el oeste:3 en busca del océano vacío, inexplorado, de los grandes descubrimientos. El Oeste es convocatoria para la partida, silencioso llamado para la apertura de un nuevo espacio. En esa exploración, este escritor hace uso de los nuevos soportes digitales no tanto para experimentar con ellos, como para convertirse en pasador, en enlace, en mediador hacia la escritura del porvenir, haciendo eco al llamado del nuevo espacio que plantea Lévy:

En lugar de ampliar las fortalezas del poder, refinemos la arquitectura del ciberespacio, el último laberinto. En cada circuito integrado, en cada chip electrónico se ve y no se sabe leer la cifra secreta, el emblema complicado de la inteligencia colectiva, mensaje irénico disperso al viento.

(Lévy, 2004).

Apropiaciones

Hay quienes ven en este advenimiento una especie de sofisticación de la expresión y de la comunicación que estaría haciéndole daño a una expresión tan «natural» como la literatura. Yo creo, sin embargo que la literatura no es un ejercicio «natural». Todo lo contrario, es un error creer que la naturalidad con la que se manejan las tecnologías de la escritura y lectura tradicionales garantiza la competencia literaria; no lo creo, incluso creo que la escritura como dispositivo ha creado una barrera expresiva que las facilidades digitales de hoy estarían socavando. Ya hace más de 20 años, Alvin Kernan en su libro, la muerte de la literatura afirmaba con respecto al futuro de la literatura

A lo mejor desaparezca con la imposición de una cultura electrónica o a lo mejor quede reducida a un papel ceremonial o, en tanto acontecimiento histórico, quizás termine en el basurero de los sueños de la historia.

(Kelvin, 1999).

En ese sentido, la literatura podría ser incluso más elitista como práctica hoy que el arte de la cibercultura. Lo que quiero decir es que el ciberespacio y la cibercultura no sólo no están lejos del alcance de la gente, sino que constituyen incluso el último refugio de la cultura popular, posibilidad real de empoderamiento (expresivo y creativo) del hombre común.

Yo me sorprendo cada vez más con la cantidad de expresiones creativas que encuentro diariamente como parte del proceso de apropiación de las llamadas nuevas tecnologías. Tengo una presentación online que he llamado narrativas del ciberespacio4 en la que trato de consignar diariamente todo lo que encuentro en la red y la verdad es que no soy capaz de hacer un inventario ni siquiera abreviado de las posibilidades creativas que la gente ha abierto. En eso consistiría la dimensión práctica de la cibercultura que algunos demandan; lo que pasa es que está ocurriendo en otro circuito, con otras dinámicas, con otros esquemas, con otros criterios, con otros actores distintos a los de la tradición literaria y por eso resultan relativamente «invisibles», entre otras cosas porque se alejan del sistema productivo del que la literatura hace parte; son, desde el punto vista canónico, obras «menores» («débiles», diría Vattimo): bienes expresivos sin pretensiones, cuyo destino, gestión y alcance no están definidos ni por el ánimo de lucro, ni por un vínculo laboral que prescribe y obliga a realizar la obra, ni por las complejas dinámicas de cooperación y competencia que fuerzan cualquier campo de producción simbólica en las artes; no responden necesariamente a una continuidad del campo literario, aunque si lo impactan (y lo hacen sistemáticamente).

Deseos y derrames

Lévy entiende el cuarto espacio antropológico o espacio del conocimiento (EC) como el lugar donde deviene la inteligencia colectiva, esto es «… una inteligencia repartida en todas partes, valorizada constantemente, coordinada en tiempo real, que conduce a una movilización efectiva de las competencias. … el fundamento y el objetivo de la inteligencia colectiva es el reconocimiento y el enriquecimiento mutuo de las personas, y no el culto de comunidades fetichizadas o hipostasiadas» (Lévy, 2004).

Que este nuevo espacio se vuelva irreversible implica «inventar de nuevo el vínculo social alrededor del aprendizaje recíproco, de la sinergia de las competencias, de la imaginación y de la inteligencia colectiva». Esa es la apuesta:

Constituir el Espacio del conocimiento significa dotarse de los instrumentos institucionales, técnicos y conceptuales para hacer la información navegable, para que cada cual pueda localizarse a sí mismo y reconocer a los demás en función de los intereses, las competencias, los proyectos, los medios y de las entidades mutuas en el nuevo espacio.

(Lévy, 2004)

Construir el EC implica, entonces, construir nuevas identidades fundamentadas en las habilidades de cooperación nómada para producir conocimientos en y a través del ciberespacio. Lévi habla por eso de una «cuántica de las cualidades», es decir, de una nueva manera de poner en dinámica la palabra plural, cruzada de individuos, de grupos y de situaciones que emergen en imágenes móviles y dinámicas.

La enciclopedia del EC es, según Levy, la Cosmopedia o espacio multidimensional de representaciones dinámicas e interactivas, que reduce el discurso a la exposición, generando una suerte de simplicidad debido a que la información sobre las relaciones es implicada por su misma forma. Las relaciones entre los enunciados implican al intelecto colectivo mismo porque son sus miembros vivos los que lo despliegan. Al sumergirse en él, todo el espacio se reorganiza en función de ellos, de sus intereses, se supera la idea de laberinto por la simplicidad que genera la inmersión.

En cada inmersión los sujetos organizan el espacio, lo dibujan y lo vuelven a perfilar, lo evalúan, lo colorean, lo calientan y enfrían. Cada uno contribuye a construir y a ordenar un espacio de significación compartido sumergiéndose en él, nadando en él, viviendo en él, simplemente.

(Lévy, 2004)

Lévi, como nosotros, confía en que el espacio del conocimiento alcance pronto un estado de irreversibilidad pero no a manera de decreto; «él se extenderá y crecerá al ritmo de la vida de los intelectos colectivos que lo animarán». Y todo ello sin la necesidad de eliminar los espacios ya existentes, porque éstos dependen unos de otros, se relacionan por una «causalidad sin contacto». Los seres humanos y las situaciones se mueven en varias frecuencias, las cuatro velocidades, pero ninguna causa algún efecto directo en la otra:

Todo sucede como si dos corrientes. Una ascendente y otra descendente, ordenaran las relaciones entre espacios. De abajo hacia arriba, los espacios más lentos, más profundos, son atraídos por los más altos, los más rápidos. Los espacios inferiores son movidos o conmovidos por los espacios superiores, en la modalidad del deseo. […] de arriba hacia abajo en la escala de Jacob antropológica, los espacios superiores se expansionan en los inferiores, ellos los alimentan a su manera, sin percibirlos, quedándose siempre en el interior de su propia sustancia.

(Lévy, 2004)

Lo ideal sería que los espacios de arriba expandan su sustancia sobre los de abajo (derrame divino) y que éstos últimos deseen a los primeros (deseo):

Lo ideal se logra cuando el Espacio del conocimiento toma su autonomía, se hace irreversible y los imaginantes colectivos polarizan el conjunto de las gravitaciones, de los derrames y de las circulaciones antropológicas, instalando así el régimen de relaciones más fluido y más libre.

(Lévy, 2004)

Sin embargo, las situaciones negativas surgen cuando los espacios de abajo buscan dirigir y violentar a los espacios de arriba, por ejemplo cuando la Tierra quiere mandar al Territorio, a la Mercancía y se pone a dirigir el Espacio del conocimiento.

El mal viene del deseo de la tierra de mandar al Territorio, cuando las tribus se despedazan por la posesión del estado, cuando un jefe de clan se convierte en jefe de gobierno. Es la desgracia que reina en los países del Sur y lleva consigo guerras civiles, dictaduras, hambrunas. […] cuando la industria y el comercio están en manos de los clanes […].

(Lévy, 2004)

El mal del Este se explica en términos de que el Territorio busca dirigir las Mercancía y al Conocimiento. El mal del Norte es el de pretender que la Mercancía domine el Conocimiento. En cambio, el Oeste es el espacio auténtico de la novedad:

Señalamos hacia el Océano vacío, inexplorado, de los grandes descubrimientos. El Oeste: convocatoria para la partida, silencioso llamado para la apertura de un nuevo espacio.

(Lévy, 2004)

Pues bien, propongo aplicar las ideas de vinculación de los cuatro espacios antropológicos levisianos para explicar e ilustrar cómo está tensionada hoy la creación literaria en soportes digitales. En primer lugar, me parece importante ir un poco atrás a la genealogía misma de la novela para verla como efecto del derrame de la escritura sobre la oralidad. Con Bajtin sabemos que la novela es un producto típico de la modernidad que asume como estructura expresiva la escritura. Pero la narración literaria (la novela y el cuento), curiosamente, se sitúa entre dos aguas. Si bien es escritura y exige por eso unas competencias especiales (al menos leer y luego leer según las condiciones propias del discurso literario), también posee rasgos de la comunicación oral y produce «efectos orales». Si bien la narración literaria participa de la lógica del registro y del solipsismo, en cuanto obra que se ofrece tras el proceso de elaboración individual a un lector preparado (formado) precisamente para deconstruir, también en su soledad, el libro que se le entrega, la narración literaria sabe, al mismo tiempo, ganarse la empatía y la participación del lector, pues utiliza, ahora en formato de escritura, la variedad del habla, recurre a las situaciones humanas y vitales cercanas, al significado compartido, y, por lo general, informa del lazo social. La narración literaria no es texto científico, aunque esté escrito, pero tampoco es oralidad simplemente trascrita. La narración literaria frente a la oralidad gana en extensión, en temporalidad, en alcance, pero mantiene viva la dimensión y la dinámica de lo oral, de lo «directo» y, sobre todo, de lo connotativo y simbólico. Es oralidad derramada.

Pese a esto, la escritura (incluida la escritura literaria) se suele sentir como «palabra muerta», tiene un corolario de pasividad que no satisface a algunos hoy. Por eso, recientemente, cuando muchos de los valores asociados a la cultura de lo escrito y de lo impreso empiezan a ser cuestionados, comienzan a aparecer resistencias a lo escrito y también recirculaciones, recuperaciones y resignificaciones que intentan volver a poner en situación lo oral. Es el caso de la narración oral escénica urbana; una actividad que ha ganado mucha visibilidad  y que puede entenderse como resistencia a la escritura, al peso y a la hegemonía de la escritura. Pero esa oralidad, curiosamente no es cacofónica, es decir, no se propone gobernar toda la expresión desde lo oral, todo lo contrario, desea participación, desea más expresividad es esencialmente híbrida y por eso  hace fácilmente alianzas con otros medios, con lo escénico en primer lugar y hasta con lo audiovisual, lo que la convierte en una oralidad deseante.

Un ejemplo  de oralidad derramada, en este caso por la cibercultura, es el proyecto megafone.net,5 dirigido por Antoni Abad. Se trata de un dispositivo comunitario de publicación móvil en la web. Desde 2003, megafone.net convoca a grupos de personas en riesgo de exclusión social a expresar sus experiencias y opiniones en reuniones presenciales y a través del uso de teléfonos móviles, los cuales permiten a los participantes crear registros de sonido e imagen y publicarlos inmediatamente en Internet convirtiendo la web en un megáfono digital que amplifica la voz de personas y grupos a menudo ignorados o desfigurados por los medios de comunicación predominantes.

Se han desarrollado varios proyectos con los siguientes colectivos: Taxistas en México D. F. 2004, jóvenes gitanos en Lleida y León 2005, prostitutas en Madrid 2005, inmigrantes nicaragüenses en San José de Costa Rica 2006, mensajeros en motocicleta (motoboys) en São Paulo 2007, jóvenes de los campamentos de refugiados saharauis cercanos a Tinduf en Argelia 2009. Dos de estos proyectos los realizaron personas con movilidad reducida en Barcelona 2006 y en Ginebra 2008. Recientemente en Colombia jóvenes desvinculados de grupos armados ilegales y victimas de desplazamiento forzoso han aceptado la convocatoria de megafone.net y han empezado a compartir sus vivencias y conversar sobre el futuro que anhelan, constituyendo un escenario que, mirado de cierta forma, es también un escenario literario en la medida en que restituye el derecho al uso público de la palabra a decenas de personas que fueron silenciadas durante años, en este caso por efecto de la violencia.

Veamos ahora el weblog como caso de escritura derramada por la sustancia de la cibercultura. Parafraseando a Santiago Cortés (2006), la blogliteratura podría caracterizarse por cuatro factores:

En primer lugar, el blog sustituye la «programación» de una escritura personal por un discurso vivo, en cuanto se puede transformar continuamente y en cuanto documento compuesto por elementos de distintas naturalezas que se funden en su espacio virtual y que incluye texto, imágenes, hipervínculos, sonido, etc. En segundo lugar, el blog se puede considerar un tipo de literatura popular especialmente por el hecho de que los escritores de blogs practican esa actividad de manera informal; son más escribientes que escritores, hombres «transitivos», personas para quienes la comunicación escrita representa una actividad y no una función. En tercer lugar, los blogs son documentos «nativos» de la red, es decir, documentos que ya no son sólo ejercicio de escritura tradicional, sino que se encuentran organizados por las «leyes» de medio electrónico.

Aunque su unidad estructural siga siendo una entrada, ésta se ha liberado de las ataduras del papel y se ha convertido en un elemento multimediático, etiquetado por ciertos elementos —permalinks— que lo vuelven buscable y recuperable. Sus entradas, por otra parte, se encuentran enmarcadas por elementos que lo relacionan con el medio que posibilita su existencia, elementos que serían completamente impensables en un medio físico, como por ejemplo el perfil del usuario, los blogrolls (listas de hipervínculos que conducen a otros blogs) o los encabezamientos de página.

(Cortes, 2006).

En cuarto lugar, los blogs están conformando un corpus de memoria colectiva a partir de la escritura personal, que se ha venido consolidando como un gran archivo de escritura popular y de experiencias autobiográficas que no depende ya de esas instituciones de memoria vinculadas a un poder central, sino de operadores que son básicamente ajenos a los discursos que se producen y que definen su eficacia por su potencial de acumulación:

Así, se está comenzando a crear un repositorio de la memoria escrita de acceso libre desde cualquier posición equipada para tales efectos. La conformación de ese nuevo archivo de la memoria colectiva se hace mediante la introducción individual y directa de discursos personales a un flujo de información, y ese proceso de introducción carece de cualquier criterio de exclusión ajeno a quienes producen los discursos, lo cual provoca que el nuevo mecanismo funcione fuera de cualquier limitación espacial y temporal, y, por lo tanto, apartado de nuestro modo habitual de concebir la práctica y los procesos de transmisión del saber.

La emergencia del archivo conformado por los blogs nos hace imaginar la reconstrucción de un lugar, perdido hace millones de años, en el cual es posible reencontrarse con la conciencia de todos los hombres. Día con día, millones de usuarios de blogs lanzan al mar informático botellas con pequeñas confesiones sobre su vida personal, y, como dijera sabiamente María Zambrano, es posible que lo hagan en espera de recobrar algún paraíso perdido.

(Cortés, 2006).

Pero hoy también podemos hablar de escrituras literarias deseantes, desde tres perspectivas: la escritura que desea desde la inexistencia del dispositivo, la escritura que desea dado el dispositivo y la escritura potenciada por el dispositivo. En cuanto al primer caso, he estado manejando la siguiente hipótesis: la escritura y su infraestructura técnica, la imprenta, configuraron el dispositivo propio de la comunicación moderna, y la novela se constituyó en su modelo expresivo más logrado. Sin embargo, el ejercicio novelesco estuvo siempre tensionado por una especie de conciencia a medias de que lo narrativo no podía lograr su mejor expresión inmersiva e interactiva bajo las condiciones de un medio que, como el libro, limita dichas funciones a la imaginación de mundos posibles por parte del lector. De ahí se desprendió toda una tradición de experimentación que algunos hacemos corresponder a un momento posmoderno de la literatura, y que tuvo como frontera el propio dispositivo donde se desarrollaba dicha experimentación: el libro. Si bien las innovaciones derivadas de esta tradición han contribuido mucho a la diversificación del género, no se lograron los objetivos  entrevistos (el más allá del libro).

Con la emergencia de la posibilidad enunciativa hipertextual e hipermedial, y con la consolidación del ciberespacio como infraestructura de dicha enunciación, hemos superado la noche posmoderna y tenemos buenas razones para mirar adelante con entusiasmo. De hecho, siguiendo J. D. Bolter (2006) podríamos ofrecer un interesante panorama de escrituras deseantes , con base en ejercicios literarios modernos y posmodernos, entre los que podría incluirse la retórica de lo multilineal de James Joyce, la tradición de lo experimental (en la que deberíamos incluir el surrealismo y ciertos posmodernismos), la novela como conversación (cuyo origen estaría en el Tristam Shandy de Sterne), el recurso al palimpsesto en la escritura del Ulises de James Joyce, las figuras del agotamiento de la literatura impresa en Borges, la narrativa fragmentada de  Marc Saporta y la escritura múltiple de Macedonio Fernández, Borges y Cortázar.

Las afirmaciones con las que Bolter constata que dichas anticipaciones encarnan plenamente en una literatura de la cibercultura (de la que la ficción hipertextual sería su expresión pionera), se pueden sintetizar en estos doce puntos que he presentado en otros lugares:

  1. el hipertexto reelabora, reevalúa y potencia estas técnicas que ya había desarrollado la ficción impresa;
  2. tanto los escritores modernos como los posmodernos tenían la intención de rehacer la ficción escrita desde adentro;
  3. los autores de hipertexto han remediado esa tradición desde la perspectiva proporcionada por una nueva técnica de la escritura;
  4. es necesario revisar toda esa tradición de experimentación a la luz de la nueva tecnología;
  5. el medio electrónico proporciona un nuevo conjunto de técnicas para transmitir la tensión (explorada y prevista por la ficción impresa) entre la corriente lineal de la narración y la serie de pensamientos asociativos provocados por ésta;
  6. las obras de autores que van desde Laurence Sterne hasta Borges no sólo son exploraciones de los límites de la página escrita, sino, también, posibles modelos para la escritura electrónica;
  7. la escritura electrónica no finge al autor múltiple o al lector participativo: los exige;
  8. las exploraciones modernas y posmodernas pertenecen al espacio de la ficción impresa, constituyen imágenes de algo irrealizable en ese medio, pero deseado como posibilidad;
  9. podemos considerar muchas de estas obras como ficciones interactivas que operan bajo las limitaciones impuestas por la imprenta;
  10. la ficción hipertextual pidió prestado y remedió el sentido de rebeldía, y logra sin esfuerzo aquello que los escritores experimentales del texto impreso sólo conseguían con grandes dificultades;
  11. en todos estos ejemplos, la ficción impresa se ve forzada a trabajar contra su medio: surge un conflicto entre el volumen como marco y el texto enmarcado, conflicto que el computador no tiene, pues ofrece un marco que se afloja siempre que el texto lo empuja;
  12. como efecto, los lectores de hipertexto ya no sólo pueden escribir en él (no sólo sobre el texto), sino que incluso pueden alterar o completar episodios; todo lo cual se traduce en una cesión de responsabilidad que hace el autor. Esta cesión es tanto un desafío como una afirmación de que dicha forma electrónica de lectura-escritura es más auténtica que la participación que una novela tradicional permite a sus lectores.

Todas estas afirmaciones se dirigen a demostrar que sólo bajo un nuevo dispositivo técnico (ciberespacio), enunciativo (hipertexto) y cultural (cibercultura) se pueden realizar muchas de las anticipaciones, deseos y figuras de la tradición «rebelde» (posmoderna) de la escritura.

Para el asunto de las escrituras deseantes, dado el dispositivo, me gustaría presentar el caso de Rodrigo Parra Sandoval, escritor colombiano que la crítica ha definido como experimental y posmoderno, pero que en realidad lo que ha venido haciendo es poner en clave novelesca el deseo de su obra de ser hipertexto y obra de la cibercultura, con la clara conciencia de que existe un dispositivo más eficaz del que toma lo modos y modelos. Y esto no por resistencia, no como ejemplo de cacofonía, sino como un acto de humildad, de doble conciencia: la de su incapacidad personal para acceder y expresarse con los nuevos soportes, y la de la llegada de un punto de no retorno en el que el ciberespacio constituye el nuevo escenario comunicativo.  De hecho, Parra Sandoval en su afán por lograr nuevas formas literarias, investiga y explora todo lo que tiene que ver con el universo virtual y los comportamientos humanos mediados por las nuevas tecnologías.

En una de sus novelas6 (ejemplo de escritura desante), la historia que leemos (una historia narrada a través de muchas manos y planos) se nos presenta como el resultado de un supuesto ejercicio de treinta escritores interconectados a través de modem que intercambian capítulos, opiniones, que contradicen o confirman lo escrito por los otros y siguen armando el rompecabezas con ayuda del computador y las comunicaciones.

El tercer modo de escritura deseante lo quisiera ilustrar con tres ejemplos. El primero es el proyecto «Releituras» del investigador y poeta digital Rui Torres de la universidad Fernando Pesoa (Porto/Portugal),7 quien con su equipo ha desarrollado una potenciación para el ciberespacio de la poesía brasilera llamada poesía concreta que, como se sabe, buscaba para la poesía lírica incorporar y poner la mismo nivel del ritmo y la rima, lo visual y lo espacial, sólo que bajo la limitación del dispositivo libro. La tarea de Torres consiste en hacer la relectura de poetas concretistas, revisando minuciosamente su obra y su estética en busca de potencialidades digitales que luego traduce y desarrolla en su laboratorio, transformando la obra en obra de la cibercultura.  Algo similar ha realizado Vanesa Guerrero, joven investigadora de la Universidad Javeriana (Bogotá/Colombia) bajo mi asesoría. En este caso, lo que Vanesa ha desarrollado es la relectura de cuatro novelas modernistas colombianas de comienzos de siglo xx en busca del deseo de ser obra en el ciberespacio.8 Se estudia su propuesta narrativa y su potencialidad interactiva para volcarla en alguno de los formatos del ciberespacio: el blog, la wiki, el hipermedia y hasta el sistema referencial del Google Maps. Finalmente, en el marco del trabajo de investigación Narratopedia9 que yo dirijo, hemos emprendido, como parte de la migración de plataforma, una revisión de las contribuciones narrativas registradas en el blog inicial para establecer su potenciación en el nuevo espacio. Se trata aquí de pasar de una escritura previamente derramada (escritura para blog) a una escritura potenciada hacia la creación colectiva e hipermedial con base en el estudio de las contribuciones de la primera etapa del proyecto. La idea es que esas contribuciones iniciales se conviertan ahora en objeto de trabajo colectivo, aprovechando el portal de trabajo colaborativo en el que se desarrolla la siguiente fase de Narratopedia. 

Algunas conclusiones

Un primer corolario de este panorama de deseos, derrames y cacofonías que estaría tensionando el ejercicio literario actual es que su aprovechamiento más efectivo se dará sólo si hay una disposición adecuada frente al dispositivo. No se trata solamente de acceso a los nuevos medios o de competencias adecuadas para aprovecharlos, sino de voluntad de apropiación, es decir, conciencia del quiebre que se está dando a todos los niveles como efecto del uso extendido de las llamadas nuevas tecnologías; conciencia que puede ser tan dolorosa como lo refiere la imagen que abre este artículo o tan entusiasta como lo demuestran nuevos artistas de la cibercultura.

La verdad es que la cultura digital está poniendo en juego transformaciones que no hacen más que fortalecer ya no la literatura o alguno de sus ejercicios particulares, sino el ejercicio general. Por una parte, la circulación de comentarios de obras se masifica e incluso se abre la licencia para su transformación por parte del lector y surgen formas emergentes de lectura; por otro lado, se amplía la base de expresión gracias al uso creativo de las tecnologías de la recombinación; además, se ensancha la base productores, es decir de personas con capacidad para generar nuevas obras (así sean «pequeñas» obras); y, finalmente, se extienden los modos de producción de obras, incluyendo ahora la gestión de singularidades y el trabajo colaborativo y colectivo.

Todo esto no sin riesgos. Sven Birkerts escribió en 1994 el libro Elegía a Gutemberg, como respuesta a la observación que él mismo sufría de una especie de agotamiento de las competencias literarias en sus jóvenes estudiantes. Birkerts es considerado el fundador de la llamada «escuela elegiaca», según la cual es necesario denunciar las pérdidas culturales a las que estamos enfrentados por la extensión de una cultura digital que estaría sustituyendo, sin una base sociológica adecuada, los valores propios de la cultura de la imprenta.

Desde un punto de vista práctico, Birkerts observa una tendencia generacional a aprovechar los nuevos medios y despreciar los anteriores, por parte de los jóvenes, generando una especie de sometimiento de las pautas culturales y de la educación al gusto generacional, sin que los jóvenes tengan la oportunidad de apreciar las bondades y valores de medios anteriores. Para este autor se hace necesario por eso denunciar la pérdida que significaría una extensión masiva de los medios electrónicos sin una crítica adecuada y describe tres de esas pérdidas culturales así:

En primer lugar, lo que él llama la degradación del lenguaje. Para Birkerts la cultura de la comunicación electrónica alterará radicalmente los modos de uso de lenguaje. Su complejidad y matices serán sustituidos gradualmente por una forma más telegráfica y sin complicaciones de modo que aspectos valorados y realizados en la cultura de la imprenta como la ambigüedad, la agudeza, la paradoja, la ironía y la sutileza desaparecerán rápidamente. El lenguaje se empobrecerá y como consecuencia, el número de personas que puedan enfrentarse a las llamadas obras maestras de la literatura y el pensamiento se reducirá ostensiblemente.

Otra perdida que denuncia Birkerts consiste en la homogeneización de las perspectivas históricas. Según Birkerts, la historia se verá inevitablemente modificada. Una vez que los materiales del pasado sean desalojados de sus páginas, por la transferencia al medio electrónico, significarán otra cosa. El corpus histórico se convertirá en un cuerpo de datos sin relación, listo para su recuperación y manipulación ideológica. De otro lado el medio electrónico enfatiza exageradamente el valor del presente lo que puede conducir a la no-creencia de que las cosas hayan sido alguna vez de otra manera.

Una tercera perdida que denuncia Birkerts es la pérdida del yo privado. Para Birkerts, actualmente nos hallamos en una fase de colectivización social que muy rápidamente puede conducir a una homogeneidad en la que el valor de la personalidad individual se va a perder, causando la destrucción del espacio subjetivo pues la expansión de las funciones electrónicas se produce siempre a costa de la disminución de la esfera privada. Entre las opciones del yo autónomo que puede verse muy afectada es la opción estética, en cuanto esta es en gran medida privada.

Mi opinión personal es que estamos encontrando nuevas formas de expresión del yo. Incluso en los ejercicios más típicos de la cibercultura como son los ejercicios de la creación colectiva, el yo individual no sólo no deja de expresarse, sino que se enriquece. Las nuevas estéticas tal vez nos impidan hablar de obras de arte en el sentido tradicional, pues están más cerca del performance, pero están ahí, sin meta ni programa, reinventando los lenguajes y abriendo nuevos espacios y prefigurando un destino cada vez más inevitable.

Referencias

  • Bajtin. Mijail. «Carnaval y literatura» (1991). En: Revista ECO #129. Bogotá, enero de 1991, pp. 311-338
  • Bolter, J. Davis (2006). «Ficción interactiva». En: Teoría del hipertexto. La literatura de la era electrónica (Comp.: María Teresa Vilariño y Anxo Abuín). Madrid: Arco Libros
  • Cortés Hernández, Santiago (2006). «El blog como un tipo de literatura popular: problemas y perspectivas para el estudio de un género electrónico». Culturas Populares. Revista.
  • Electrónica 3 (septiembre-diciembre 2006)
  • Lévy, Pierre (2004). Inteligencia colectiva.
  • Lévy, Pierre (2007). Cibercultura. La cultura de la sociedad digital. Barcelona: Anthropos
  • Rodríguez, Jaime Alejandro (2009). «Los sueños digitales de un escritor. La convergencia digital al servicio del ejercicio literario». En: Revista. Signo y Pensamiento 54. Bogotá: Universidad Javeriana. Enero - junio 2009, pp. 131-143 ·
  • Vattimo, Gianni (1992). «El consumidor consumido». En: Fin de siglo. Cali: Revista de la Universidad del Valle #2. Marzo-abril de 1992. pp.16-23

Notas

  • 1. En la primera parte de su libro Inteligencia Colectiva, Pierre Lévy describe su proyecto en sus aspectos éticos, políticos, económicos, tecnológicos y estéticos, para llegar a su propuesta «de la ingeniería del vínculo social» entendida como «el arte de hacer vivir colectivos inteligentes y de valorizar al máximo la diversidad de las cualidades humanas». En la segunda parte desarrolla su teoría de los cuatro espacios antropológicos con la que pretende alumbrar —privilegiando más la «fecundidad filosófica y práctica» que la exactitud histórica y científica»— la mutación antropológica que supone el cuarto espacio, «El Espacio del conocimiento». Volver
  • 2. Un nuevo tipo de organización de los conocimientos que más que a un texto de una sola dimensión, o incluso a una red hipertextual, es un espacio multidimensional de representaciones dinámicas e interactivas. La cosmopedia opone al cara a cara de la imagen fija  y del texto, un gran número de formas de expresión: imagen animada, sonido, simulaciones interactivas, mapas interactivos, sistemas expertos, ideografías dinámicas, realidades virtuales, vidas artificiales, etcétera. En última instancia, la cosmopedia contiene tantas semióticas y tipos de representaciones como se pueden encontrar en el mundo mismo. La cosmopedia multiplica los enunciados no discursivos. Volver
  • 3. Aludo aquí a la metáfora que emplea Lévy para dar cuenta de las relaciones cacofónicas entre los espacios: el sur es la voluntad de poder impuesta por la tierra sobre los otros tres espacios; el este es la voluntad de poder del territorio sobre la mercancía y el espacio del conocimiento; el norte es la imposición del espacio de las mercancías. Finalmente el oeste es el nuevo espacio del conocimiento. Volver
  • 4. Ver: http://docs.google.com/present/view?id=dgcpp5v2_234chp24zg6. Volver
  • 5. Ver: http://www.megafone.net/. Volver
  • 6. Me refiero a Tarzán el filósofo desnudo (Bogotá: Arango editores, 1996). Volver
  • 7. Ver: http://po-ex.net/evaluation/. Volver
  • 8. Ver: http://recursostic.javeriana.edu.co/multiblogs2/conexionlectores/. Volver
  • 9. Ver: thhp://www.narratopedia.net/. Volver