Comunicación para el desarrolloManuel Chaparro Escudero
Profesor de Periodismo de la Universidad de Málaga. Sevilla (España)

No cabe duda de que participar de un idioma común abre fronteras y facilita el intercambio cultural, pero este esfuerzo colonizador de los idiomas es inversamente proporcional a la resistencia que provoca cuando el camino trazado es la imposición de criterios homogeneizadores dictados por los intereses del mercado y la industria de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

El hecho de que el sistema económico dominante y el modus operandi de los procesos colonizadores sea base de la injusticia social no es una nueva noticia, en cambio la toma de conciencia sobre estas circunstancias es una urgencia si queremos participar del criterio de que la Sociedad de la Información debe ser la Sociedad del Conocimiento.

El primer conocimiento que la Sociedad de la Información debería impulsar, a través de los medios audiovisuales, es el de la biodiversidad. El reconocimiento en planos de igualdad de los diferentes entornos culturales permite el progreso y el desarme de la violencia.

La tolerancia cultural, como valor democrático de progreso, es un sentimiento desconocido para una parte mayoritaria de nuestra sociedad ajena a los problemas de convivencia que significa adaptarse a convivir con otras culturas. Reconocerse tolerante sin haber participado de otras culturas es una ficción facilitada por la virtualidad de los medios audiovisuales, capaces de sensibilizarnos o provocar un pellizco momentáneo, pero incapaces de acercarnos a una experiencia vicaria necesaria. El miedo a abandonar nuestras prácticas y perspectivas etnocentristas debería ser considerado como parte de nuestros déficit democráticos.

Nuestro reconocimiento en otros contextos de la geografía física y humana es básico para hacer cultura. Nuestro ecosistema convivencial, en el marco de nuestras sociedades desarrolladas, se empobrece en la medida en que no somos capaces de explorar, comprender y aceptar plenamente otras prácticas culturales que contribuyen a nuestro enriquecimiento. Los contactos culturales en la historia han estado dominados por las imposiciones de los fuertes sobre los débiles, en la creencia de que supervivencia es sinónimo de aniquilación de las prácticas diferentes, de otros modos de entender la vida.

En el mapa mundial de la biodiversidad, entendiendo esta como riqueza en fauna y flora y por supuesto de etnias y culturas, los desequilibrios son fácilmente percibibles. De los 27 países con mayor biodiversidad del mundo, así reconocidos por la UNESCO; en 19 de ellos se hablan más de 50 idiomas distintos, entre ellos: México, Venezuela, Perú, Colombia y Brasil. De estos 27 países el idioma árabe y el español son dominantes en 17, el francés en 20 y el inglés sólo en 7, sin embargo, el inglés es idioma oficial en 23 y el francés en 20, mientras el español y el árabe lo son en 18. Las lenguas nativas han cedido territorio pero a cambio tampoco se han visto por ello más mimadas o protegidas, la geografía que hoy se va configurando es más de preponderancia tecnológica que humana o física.

El mapa que se va configurando en torno a la Sociedad del Conocimiento está cada vez más sustentado en el dominio de las TIC, un colonialismo que define el marco de relaciones norte-sur y que potencia los nuevos analfabetismo de este siglo. Si el español puede llegar a ser percibido como un idioma acosado en algunos ámbitos y foros, este hecho no puede convertirse en justificación para nuestro trato a otras lenguas con las que necesitamos convivir. El mapuche, el mapudungun, el aymará, el quechua, el guaraní, el chiquitano, el wayuu, el paez, el embera, el quiché, el calkchiquel, el maya, el zapoteco, el mixteco, el miskito, el campa, el aguarana, el shuar, el colorado, el kekchi, el chachi, el uarao, el peman, el kariña, el náhuatl… y cientos de estas lenguas todas con sus diferencias que las hacen únicas, son parte insustituible de quienes guardan rasgos de identificación con el español a través de una historia que como bien ha descrito Mattelart tiene mucho de desencuentro. La comunidad hispanohablante debe aprender a convivir con las otras lenguas de su territorio y potenciarlas, la diversidad es un aprendizaje necesario. El español constituye hoy para muchas naciones el catalizador básico para el entendimiento de las diferentes etnias y culturas existentes en los países donde es idioma oficial.

Ningún propósito que quiera conducirnos a la búsqueda del desarrollo solidario y sostenible puede ser ajeno a las políticas de comunicación públicas que potencien la interacción cultural, nivelen los flujos informativos y garanticen el reparto equitativo del conocimiento.

Desde este posicionamiento, los tres conceptos claves que debemos manejar para facilitar la Sociedad de la Información para el Conocimiento son: cooperación al desarrollo en comunicación, socialización de las TIC e impulso de las políticas públicas de comunicación (PPCP).

El termino cooperación tiene consideraciones predominantes de índole económica. La cooperación tal como hoy se sigue concibiendo surgió en la Europa de posguerra y surgió de la voluntad de EE. UU. por recomponer el mercado europeo. Las bases de la cooperación han sido entendidas como apuestas exclusivas por el desarrollo económico, desgajando de éste al mismo ser humano en sus apegos y necesidades culturales. Aún hoy, la mayoría de las agencias internacionales de cooperación excluyen de sus políticas de apoyo al desarrollo acciones relacionadas con la cultura, la comunicación y la educación, no considerándolas entre la dotaciones de infraestructuras básicas. Proveer de conocimiento es proveer de desarrollo, facilitar claves que permitan el progreso futuro y la independencia en la administración de los recursos propios.

La comunicación, la disponibilidad de medios de comunicación por la sociedad, forma parte del entramado de las infraestructuras básicas. Tal vez carezcan de los valores tangibles presentes en otras acciones de ingeniería civil, lo que dificulta su visibilidad, pero no cabe duda de que son básicas para trabajar en el desarrollo integral y la recuperación de la dignidad de las comunidades. Una radio o una televisión comunitaria se convierten en elementos claves para el desarrollo de un entorno cuando facilitan la comunicación entre sus vecinos, la participación activa, la toma de conciencia; cuando contribuye a socializar hábitos de progreso. Las radios comunitarias son un elemento imprescindible en la construcción de ciudadanía en América Latina y en el asentamiento de una cultura democrática, más ausente en los centros de poder que en el pueblo.

La comunicación para el desarrollo es una apuesta de desarrollo integral de sociedades que ante su propia incomunicación desconocen claves elementales que les permitan mejorar sus condiciones de vida.

En el barrio marginal de Atipiri dentro de la aglomeración urbana de El Alto, ciudad próxima a La Paz, sus treinta mil vecinos disponen de una posta sanitaria y escuela. La unidad sanitaria permanece cerrada porque sus vecinos no acuden a recibir tratamiento. La etnia mayoritaria del barrio es aymará, la mujer no está acostumbrada a mostrar su cuerpo y dejarse auscultar y sus prácticas medicinales, en la mayoría de los casos poco eficaces, siguen vigentes. La existencia de una escuela no es garantía de escolarización, la urgencia por solucionar la intendencia del día hace que se priorice el trabajo infantil sin pensar en la hipoteca futura. El medio de comunicación facilita en estos casos la entrada directa en cada casa para tratar de incidir positivamente en la población, facilita con su información el desarrollo integral del barrio. Kaplún entendió a la perfección esta necesidad al utilizar las radios novelas para incidir sobre las prácticas culturales con notable éxito. La información es el primer valor cotizable para facilitar progreso y la radio debe desempeñar aquí un papel esencial.

Los pueblos indígenas y originarios cuyas culturas fueron rechazadas por los conquistadores necesitan integrarse al mundo que les rodea y participar de él, pero tras el proceso de desarraigo vivido antes deben recuperar su dignidad y los valores de sus culturas milenarias, deben reivindicarse así mismos. Por otra parte, los valores comunitarios presentes en la cultura de los pueblos americanos deben ser trasladados a quienes desde el individualismo somos incapaces de actuar solidariamente. Tener solucionada la intendencia de cada día, la seguridad del presente, se convierte en un rasgo diferencial occidental que no estimula, sin embargo, nuestra voluntad de ser partícipes y reivindicar modelos de convivencia más igualitarios.

La comunicación para el desarrollo debe ser también tenida en cuenta como una necesidad inaplazable en todas las sociedades, la incorporación del individuo a la democracia exige que nuestros sistemas políticos democraticen el marco mediático, permitiendo y garantizando el acceso ciudadano a través de medios públicos o de gestión independiente desde el ánimo del no lucro.

El segundo punto que mencionábamos, la socialización de las TIC, es básico para facilitar la participación activa y contribuir, ante la perdida de los referentes culturales proveedores de subsistencia, al paso de la categoría de ciudadanos consumidores de información a productores o prosumidores. Superadas las consideraciones en torno al derecho a la información como fundamento para entender las claves de progreso, es necesario desarrollar la capacidad de divulgar opinión y crear discurso, un privilegio hasta la fecha sólo al alcance de quienes ostentan el poder económico y disfrutan del control mediático. La Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 19 significó el reconocimiento más importante de este derecho. Es fundamental fomentar el uso de las nuevas tecnologías para la creación de discursos más plurales y sinceros. Los nuevos analfabetismos electrónicos no se superan con el dominio de la herramienta, es necesario hacer efectivo su uso para recuperar la voz del conjunto de individuos que componen la masa social. Si queremos hablar de democracias participativas y reales hay que propiciar que la circulación de discursos sea posible. Las TIC vienen a facilitar este trabajo gracias al abaratamiento de las herramientas y su facilidad de manejo.

El alejamiento de la mayoría de los ciudadanos de los medios de comunicación como transmisores y soportes de información, se debe a que son percibidos como un entramado misterioso del que sólo forman parte como clientes. Mantener el equilibrio mediático en democracia implica pluralidad, pero también la potenciación de medios y recursos de comunicación de índole comunitaria, como herramientas de participación en la vida pública de la comunidad.

Desde esta filosofía la Asociación de Emisoras Municipales de Andalucía de Radio y Televisión (EMA-RTV) junto a la Universidad de Málaga, viene trabajando en la construcción de un modelo de estructura, MEDIACENTRO, capaz de reunir procedimientos de archivo y consulta de información en todos los soportes disponibles, facilitando su uso interactivo al conectarlos con sistemas que permiten la fabricación de contenidos y su posterior emisión.

EMA-RTV ha trabajado, desde su experiencia con las emisoras municipales de radio y televisión, sobre el uso de éstas como mediatecas,1 es decir, espacios que ofrecen a los ciudadanos de áreas urbanas y rurales, actividades de formación e información permanente y de generación de contenidos, a través de la relación directa con el medio.

La interacción con el conocimiento a través de libros, periódicos, audio y vídeo, ahora en entornos multimedia, amplifican la capacidad lúdica del aprendizaje y, por lo tanto, de acercar y poner al alcance todo tipo de medios al servicio del ciudadano. La potenciación de centros destinados al uso de las nuevas TIC debe considerarse dentro de las políticas básicas de dotación de infraestructuras.

La creación de mediatecas y cibertecas interactivas, ahora con la capacidad de emisión de los contenidos, MEDIACENTROS, por los ciudadanos de a pie, obedece a la convicción acerca de la capacidad potencial de los mismos en la construcción de la memoria histórica, el fortalecimiento de su identidad y la creación de nuevos y enriquecedores mensajes que contribuyan al equilibrio de los flujos informativos, a una mentalidad socializadora de nuevos hábitos en la gestión y administración de los recursos.

Por último, hacer posible todas estas prácticas no es posible si la existencia de una voluntad pública por impulsar modelos participativos, de ahí la necesidad de reivindicar las Políticas de Comunicación Públicas, PPCP, lejos de las tentaciones de su disposición al servicio del poder.

El abandono de las PPCP recomendado por el liberalismo económico ha terminado por imponer la norma de la no intervención estatal y dar libertad al mercado, pero hay territorios excesivamente sensibles donde la aplicación de esta tesis supone renunciar a conquistas sociales y profundizar en la separación entre primer y tercer mundo o entre primer y cuarto mundo. Poner en marcha PPCP, parece no estar de moda y parece ahora propio de regímenes totalitarios. El informe McBride ya aludió en sus conclusiones a esta necesidad y conocemos también la postura contraria de los EE. UU. desde una posición claramente dominante de los flujos informativos, del hardware y el software. Sin embargo, no hay que olvidar que las PPCP aplicadas en Europa al finalizar la segunda guerra mundial sirvieron para recuperar una posición de privilegio en el mundo.

Alcanzado los fines iniciales en los países desarrollados, las PPCP se convierten en objetos desechables y se cuestiona o se impide su aplicación en los países en vías de desarrollo por estar reñidas con el liberalismo económico y la política del libre comercio. Hasta las políticas que en la mayoría de los países europeos, con gran tradición en este terreno, se plantean en comunicación pública carecen de perspectivas a largo plazo.

Sobre este extremo resulta clarividente la obra de José Luis Exeni, quien propone cuatro supuestos básicos para lineamientos en el diseño necesario de las nuevas PPCP. El primero, centrado sobre la base de cuales deben ser las formas y medios de la presencia estatal y no, simplemente, sobre su grado de intervención. El segundo, asumiendo que el Estado moderno es representativo. El tercero, precisando la relación Estado-participación ciudadana como binomio necesario básico para establecer relaciones y políticas corresponsables. El cuarto, en el establecimientos de un «nuevo estilo gerencial acorde a las nuevas funciones del Estado».2

Las reivindicaciones de Exeni surgen en el contexto Latinoamericano donde los intentos por establecer PPCP se han saldado con estrepitosos fracasos, fruto, tiempos atrás, de los gobiernos militares apoyados por las oligarquías y los fuertes intereses de EE. UU. en el continente. El resultado de esta ausencia en políticas básicas salta a la vista, los medios audiovisuales son mayoritariamente privados y de fines exclusivamente mercantiles.

La aplicación de recursos de comunicación en la educación no formal ha desempeñado en Hispanoamérica un papel trascendental desde finales de los años 40, en la mayoría de los casos promovidas por activistas al margen del Estado. Han sido esfuerzos voluntaristas tremendamente válidos, pero a todas luces insuficientes cuando se trata de acercar mundos desiguales que sufren sin disfrutar el desarrollo de una minoría. No es sólo un problema de reparto de riqueza, es ante todo de los útiles que proveen del conocimiento y que hacen posible el desarrollo sostenible. Como dice Luis Ramiro Beltrán la necesaria solución pasa por una planificación continua y ésta debe obedecer a una estrategia definida y meditada.

Nuestros medios audiovisuales son fruto de la capacidad inventiva de los seres humanos y, por tanto, patrimonio de todos. Las limitaciones de su uso que sólo benefician a los intereses del capital y a los estados como entes de poder, son una muestra más de la incapacidad para gestionar nuestros recursos, nuestras potencialidades de facilitar progreso. La negativa de los estados a permitir un uso ciudadano del espectro de frecuencias, la falta de perspectivas y temores de los legisladores en este sentido es similar a los temores surgidos en la clase dominante con la aparición de la imprenta, primera herramienta socializadora del conocimiento.

La utopía del discurso de la democracia cobra vida cuando los movimientos ciudadanos son capaces de afrontar los desafíos que propone el futuro. Nuestra lengua común debe ser desde esta óptica un espacio para la convivencia, la paz y el progreso. Ésta fue la conclusión más acertada de quienes trabajamos en la mesa de radio en el Primer Congreso de la Lengua y hoy sigue siendo una reivindicación válida y posible.

Bibliografía

  • Beltrán Salmón, Luis Ramiro y Cevallos Clavijo, René: Estrategias de comunicación educativa para el desarrollo. ERBOL/Manos Unidas España. La Paz, 2001.
  • Exeni, José L.: Políticas de Comunicación. Retos y señales para no renunciar a la utopía. Plural, La Paz, 1998.
  • Mattelart, A.: Historia de la utopía planetaria. Barcelona, Paidós, 2000.
  • Chaparro Escudero, Manuel (ed.): Radiotelevisión Pública Local y Alternativa: Perspectivas. EMA-RTV, Jerez de la Frontera, 1997.
  • Chaparro Escudero, Manuel (ed.): La democratización de los Medios. EMA-RTV/Dip. de Sevilla. Sevilla, 1999.
  • Chaparro Escudero, M.: Radio Pública Local. Fragua, Madrid, 1998.
  • VV. AA.: Informe Mundial sobre la cultura 2000/2001. Diversidad cultural, conflicto y pluralismo. UNESCO, Madrid, 2001.
  • Marí Saez, Victor: Globalización, nuevas tecnologías y comunicación. De la Torre, Madrid, 1999.
  • VV. AA.: «Educación y comunicación para la cooperación y el desarrollo». Comunicar, n.º 16. Grupo Comunicar, Huelva, 2001.

Notas

  • 1. «… un modelo en el que se logren unir las bondades de los sistemas de administración de los fondos culturales y su transferencia, con el ejercicio activo de creación y producción de nuevo material por el ciudadano emisor. La vieja reivindicación de cualquier comunidad hacia las formales bibliotecas debe dar paso ahora, de la mano de las nuevas tecnologías, a reunir todos los soportes que transfieren conocimiento, junto a sus técnicas de producción y divulgación (…) El hecho de que todos los soportes sean de libre disposición para su consulta incrementaría la capacidad de información y producción por parte de la sociedad. En el mismo espacio físico debe conjugarse la posibilidad de información con la producción, creación, edición y emisión de la misma por los usuarios interesados. Si en estas mediatecas [Cibertecas] somos capaces de permitir la formación e información de la ciudadanía en el conocimiento y el uso de los medios de comunicación, estaremos haciendo que la sociedad también evolucione». Chaparro Escudero, Manuel en Radiotelevisión Pública Local y Alternativa: Perspectivas. EMA-RTV, Jerez de la Frontera, 1997. pp. 127-129.Volver
  • 2. Exeni, José L.: Políticas de Comunicación. Retos y señales para no renunciar a la utopía. Plural, La Paz, 1998.Volver