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Homenaje a Andrés Bello
Discurso
Carmen Caffarel
Directora del Instituto Cervantes

Autoridades:

Confieso que me siento muy feliz por participar en este homenaje que el V Congreso Internacional de la Lengua Española tributa a la eximia figura de Andrés Bello. Es más, me siento doblemente feliz, por participar tanto en calidad de directora del Instituto Cervantes, como en mi condición de doctora en Filología Hispánica y catedrática universitaria de Comunicación.

Estoy segura de que mis compañeros de mesa, académicos de la lengua todos ellos, sabrán ensalzar mejor que yo la dimensión lingüística de Andrés Bello. Cierto que no llegó a ser académico de número porque la fundación de las academias de Venezuela –su tierra de nacimiento– y de Chile –su tierra de adopción– fue posterior a su muerte, pero que sí fue académico honorario, primero, y correspondiente, después, de la Academia Española. A mis compañeros dejo, pues, la glosa de sus saberes lingüísticos, especialmente ortográficos y gramaticales.

Como todos ustedes saben, el Instituto Cervantes es el organismo oficial de España encargado de la difusión de la lengua española y de la cultura en español, principalmente en aquellos países en los que menos se las conoce, es decir, en los de lengua no hispánica. El Instituto cuenta en la actualidad con 73 centros en más de 40 países, que constituyen la mayor red de enseñanza de español en el mundo, que ofrecen la más amplia y variada oferta cultural y que sustentan la mayor red de bibliotecas en nuestra lengua. Bibliotecas que, además y sin que lo hubiéramos pretendido, emulan a la borgiana «biblioteca de Babel» puesto que están organizadas como un entramado único, distribuido en más de cuarenta países de los cinco continentes.

Pues bien, si una labor como la que desarrolla el Cervantes tiene sentido hoy día, es porque el español la llegado a ser la segunda lengua de comunicación internacional, sin duda. Pero también porque presenta una comunidad de hablantes nativos, cierto que con menor volumen que el chino o el hindi, pero con mayor vitalidad que otras grandes lenguas de cultura, incluida la lengua inglesa.

El camino que ha recorrido nuestro idioma para convertirse en la segunda lengua de comunicación internacional ha sido largo, desde aquellas hablas romanceadas que resonaban por los valles del Norte de Castilla, entre los siglos IX y X de nuestra era, hasta los noticieros internacionales que llegan a millones de hogares a través de cadenas como la CNN, TVE Internacional y de otras muchas emisiones por satélite, en Hispanoamérica y en Estados Unidos.

El español, o castellano, no ha alcanzado esa dimensión por generación espontánea. Para ello ha sido necesario:

Primero, contar con una larga historia. Historia que es constatación de su utilidad en épocas y en territorios diferentes, con fines humildes y elevados, entre gentes de una misma procedencia cultural o de orígenes diversos.

Segundo, mostrar una vitalidad suficiente. Es decir, poner de relieve que es una lengua viva, dinámica, flexible. Hoy nadie discute que el español es una de las lenguas más habladas y estudiadas del planeta.

Tercero, tener autonomía, personalidad, identidad en definitiva. Es decir, que las personas que en ella se expresen tengan conciencia de esa singularidad frente a otras lenguas más o menos próximas.

Y cuarto y último, haber alcanzado una estandarización adecuada. Es decir, contar con recursos técnicos, como la ortografía, la gramática y el diccionario, que garantizan su estabilidad, su difusión y su capacidad comunicativa en muy diferentes niveles y con los fines más diversos.

Los dos últimos condicionantes, es decir, autonomía y estandarización, tienen tal importancia estructural que podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que sin ellos la lengua española carecería de la vitalidad y de la historia que hoy, en este siglo XXI de la globalización y de las grandes mutaciones tecnológicas, le dan sentido.

Pues bien, en la consolidación de esos elementos esenciales, la labor y la obra de Andrés Bello fueron fundamentales para la historia moderna de nuestra lengua y de nuestra comunidad idiomática.

En el momento de la consolidación de las jóvenes repúblicas americanas, se hacía imperioso fijar y afianzar el instrumento básico de comunicación. También establecer referencias que sirvieran de garantía para una convivencia cívica y pacífica. La obra de Bello fue decisiva, Precisamente, en la fijación de los dos códigos imprescindibles para cubrir ambas necesidades, consustanciales a una sociedad moderna: el código lingüístico y el código civil, como reguladores de las relaciones humanas. Ramón Trujillo, en el prólogo de su edición canónica de la Gramática de la lengua castellana, afirma de Bello:

Como un gigante, extiende su nombre sobre el continente, poseedor de los saberes y de los principios; la organización de las naciones que ya surgen, las reglas para la lengua que ha de usarse, las leyes civiles que requiere un mundo que nace o que renace, ya independiente del dominio español, y que en muchos aspectos va a centrar su originalidad en europeizarse.

Y a todo eso, Bello añadió el orgullo por su lengua y por su cultura, orgullo que fortaleció durante su larga estancia en Londres, donde intercambió inquietudes y opiniones con otros intelectuales hispanoamericanos. Un orgullo cultural que creía en la unidad esencial del ser hispánico, pero que la entendía compatible con la diversidad de nuestros pueblos. En el congreso de Cartagena de Indias, José Antonio Carbonell, en su ponencia titulada «Andrés Bello en Babel» afirmaba:

Bello fue el primero en lengua castellana que hizo valer los principios de un idioma general al que le eran permitidas las variantes locales y que podía ser enriquecido desde la periferia.

Fue ese pensamiento, original y moderno, el que hizo grande a Andrés Bello. Y la cultura hispánica es hoy grande e internacional porque Bello le regaló aportaciones fundamentales, primero a América del Sur y después al conjunto de la comunidad hispanohablante. Y son esa grandeza y esa internacionalidad las que justifican la existencia del Instituto Cervantes.

Por ese motivo, me complace anunciar la elaboración por parte del Instituto Cervantes de un volumen dedicado a la configuración lingüística del mundo hispánico durante el siglo XIX, que dejará un espacio más que destacado para la figura de Andrés Bello. Esta publicación, que verá la luz a finales de año, se enmarca dentro del programa español de conmemoración de los bicentenarios de las repúblicas americanas y dará lugar a una serie de conferencias que serán emitidas y grabadas por el canal de televisión por Internet del Instituto Cervantes –CervantesTV.es– por el que se está transmitiendo este mismo acto.

En la era de las tecnologías de la información y la comunicación, no se nos ocurre mejor homenaje a Andrés Bello que hacer llegar noticia de su obra y de su pensamiento, a través de Internet, a las decenas de miles de alumnos de español del Instituto Cervantes en todo el mundo. También a aquellos amantes de neustra lengua y de nuestra cultura que dispongan de una simple conexión de Internet, que, afortunadamente, cada vez son más y más.

Muchas gracias por su atención.

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