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Unidad y diversidad del español
La dimensión fonética y la dimensión morfosintáctica
Formación histórica y zonas dialectales del español en Honduras
Atanasio Herranz
Universidad Nacional Autónoma de Honduras.
Tegucigalpa (Honduras).

En este artículo se presenta el proceso de formación del español en Honduras y, con carácter provisional, sus áreas dialectales. Para la división dialectal actual se tienen en cuenta criterios histórico-geográficos y, sobre todo, los cuestionarios específicos que he aplicado y los estudios fonético-fonológicos, morfosintácticos y léxico-semánticos publicados a partir de 1980.

1. Descripción

Honduras es un pequeño país situado en el corazón del istmo centroamericano. Al norte, posee una larga costa de más de 700 km con el mar Caribe; al sur, el Golfo de Fonseca, en el Océano Pacífico; al oeste, tiene fronteras con Guatemala y El Salvador y al este, con Nicaragua. Su extensión aproximada es de 212 000 km2, con una población de cinco millones quinientos mil habitantes y con un incremento anual de 3,2%, el más alto de Hispanoamérica. Más del 60% de la población es campesina y vive en pueblos, aldeas y caseríos con un alto grado de dispersión. Hay dos grandes centros poblacionales: Tegucigalpa, capital de Honduras y ciudad burocrática, con 800 000 habitantes y San Pedro Sula, con casi 700 000, dedicada a la industria y al comercio.

La única lengua oficial de Honduras es el español, aunque, desde 1994, el Estado ha reconocido en leyes y decretos de educación la pluralidad lingüístico-cultural de la República (Acuerdo Presidencial 0719-EP-94); así como el derecho de los grupos étnicos de recibir una educación primaria en su lengua materna y el español como segunda lengua.

En Honduras, el 96,8% de la población, es decir, 5 328 831 habitantes tienen como lengua materna el español (Ponce, 1993; Herranz 1996: 245-250) y sólo el 3,12%, es decir, 171 169, tienen como lengua materna otra que no es el español. De ellos, el 90% tienen como segunda lengua el español.

En el departamento insular de Islas de la Bahía, desde mediados del siglo XVII, el inglés ha sido y es la lengua materna del 83% de la su población (Davidson 1974; Waranz 1983: 75; Herranz 1996: 167-168), lo que supone actualmente unos 26 200 hablantes. De ellas, 2 217 personas, es decir, el 7% de la población, son ladinos que han llegado desde la plataforma continental y tienen como lengua materna el español y unos 3 250 pobladores (10,26%) son, en su mayoría, de lengua materna garífuna y de lengua materna misquita (unas 1 000 personas). Además, unos 66 000 hondureños tienen como lengua materna el garífuna (Herranz, 1996: 246 y 457), asentados a lo largo de la costa caribeña desde la frontera de Guatemala hasta Plaplaya (Gracias a Dios) y la comunidad de Punta Gorda en Islas de la Bahía. Unos 69 000 hablan misquito y la gran mayoría están asentados en el departamento de Gracias a Dios y un grupo pequeño en Islas de la Bahía (Waranz, 1983: 75; Herranz, 1996: 248 y 431); 994 personas hablan pech o paya en los departamentos de Olancho y Colón (Herranz, 1996: 380); 375 tienen al tol o jicaque como lengua materna, asentados en el norte del departamento de Francisco Morazán (Herranz, 1996: 247-248) y unos 600 tawahkas tienen al sumo-tawahka como lengua materna (Herranz, 1996: 400; M. Carías y J. Ventura: 1997). Sólo queda añadir unos 8 000 negros, traídos por las compañías bananeras a principios de este siglo de las colonias inglesas de Jamaica y Gran Caimán, entre otras, y asentados actualmente en las ciudades más pobladas (Puerto Cortés, San Pedro Sula, El Progreso, La Ceiba) de la franja costera del norte que hablan un inglés criollo. Este dato es provisional por falta de estudios demográficos y sociolingüísticos actuales (Dawidson, 1974; Waranz, 1983: 70-79).

2. El proceso de formación del español en Honduras

A la llegada de los españoles, Honduras estaba poblada por una gran variedad grupos étnicos. Por ser parte del área intermedia (Constenla, 1991) en Honduras confluyen grupos de clara procedencia mesoamericana como los mayas-chortíes, ciertos asentamientos nahuas prehispánicos (Herranz, 1997) y los jicaques o tolupanes, y grupos de procedencia chibcha como los sumus-tawahkas, los pech o payas y los lencas que, después de varios siglos de contacto con grupos mayas, se habían mesoamericanizado. Newson (1992: 116-118) calcula que la población indígena de Honduras a la llegada de los españoles era de unas 800 000 personas, sólo en la zona sur, central y occidental.

En su cuarto viaje, Colón desembarcó en 1502 en la isla de Guanaja y recorrió la costa atlántica hondureña hasta el cabo de Gracias a Dios. La conquista de Honduras, debido a la existencia de un gran número de pequeños cacicazgos, amplios territorios ocupados por grupos nómadas como los jicaques, sumos y payas, y las disputas entre conquistadores españoles (Newson, 1992: 73-118) hicieron que se prolongara hasta finales de 1526 para el centro, sur y occidente y algunos puertos (Trujillo y Puerto Caballos) y caminos reales de la costa atlántica. La colonización de estas áreas estaba concluida en sus aspectos fundamentales en 1550 (Chamberlain, 1996): fundación de pueblos de indios y de villas de españoles, construcción de iglesias y conventos, establecimiento y funcionamiento del obispado, la administración estatal y la religiosa.

De 1544 a 1548 funcionó en la ciudad de Gracias, occidente de Honduras, la Audiencia de los Confines y Bartolomé de las Casas fungió como obispo de esta provincia. Durante todo el período colonial, Honduras fue una provincia dependiente de la Capitanía General de Guatemala que formaba parte del Virreinato de México.

Por mucho que los españoles lo intentaron, gran parte de los territorios de los actuales departamentos de Atlántida, Yoro, Colón, Olancho, Gracias a Dios y El Paraíso, en realidad no fueron ni conquistados en sentido estricto, ni mucho menos colonizados, a pesar de las continuos esfuerzos de los franciscanos para lograr pueblos de indios estables.

Canfield (1981: 2), al estudiar y caracterizar el español en América, señala que el factor principal en el desarrollo de sus diferencias dialectales se debió al grado de acceso que las distintas provincias tuvieron entre 1500 y 1800 a los cambios lingüísticos que estaban produciéndose en el español del sur de la Península. Canfield parte de dos supuestos: la cronología del asentamiento y la relación con fenómenos fonéticos del habla contemporánea. Los cambios que analiza Canfield son: el ensordecimiento de las sibilantes, el retroceso en el punto de articulación [s] a [x], el desarrollo de la sibilante interdental, las primeras etapas del yeísmo, el debilitamiento de la /s/ en posición final de sílaba, la velarización de la /n/ final de palabra y la neutralización de la /l/ y /r/ en final de sílaba.

Teniendo en cuenta el estudio de estos rasgos, Canfield (1981: 9) propone que en 1550 se habían conformado las variaciones dialectales del español en zonas altas de Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, México, Venezuela, noroeste de Argentina, Costa Rica y Guatemala. Para 1650, Paraguay, oeste de Argentina, la región de Río de la Plata, sur de Chile y la región centroamericana: El Salvador, Honduras y Nicaragua. Para 1750, las Antillas, las zonas costeras de México, Venezuela, Colombia (con todo Panamá), Ecuador, centro de Chile y St. Bernarn Parish, en Louisiana (Canfield, 1981: 9).

En el caso de Honduras, disiento de Canfield en cuanto a la fecha (1650) que señala para la formación de la variante dialectal del español hondureño. Los datos que he señalado para fechar la cronología de los asentamientos de españoles muestran que para 1550 ya se habían creado en esta provincia las principales villas de españoles y la mayoría de pueblos de indios. Entre las villas de españoles totalmente organizadas estaban: San Gil de la Buena Vista, Triunfo de la Cruz y Villa de Trujillo (1524), Choluteca (1534), Gracias a Dios (1536) y Santa María de Comayagua (1537). Por otra parte, la abundante documentación del siglo XVI de Honduras que he consultado y el fechamiento de algunos rasgos gráficos y fonéticos que Nieto ha publicado (1995) muestran que en el centro, sur y occidente de esta provincia se había desarrollado alrededor de 1575 la variación dialectal hondureña, pues los escritos reflejan el ensordecimiento de algunas sibilantes, las primeras etapas del yeismo, un buen número de documentos de personas seseantes y ceceantes, a veces superpuestos, y algunos debilitamientos y pérdidas de /s/ en posición final.

No se ha investigado el origen regional de los primeros colonos españoles que se asentaron en Honduras. Basándome en los listados de Boyd-Bowman (1964, 1968, 1972) y en algunas listas de registros de viajeros del Archivo General de Indias, logré identificar el nombre y la procedencia de 71 colonos que se asentaron y murieron en Honduras entre 1502 y 1530. Los resultados son estos.

REGIÓN DE PROCEDENCIA N.º DE EMIGRANTES PORCENTAJES
1. Castellanos viejos2. Andaluces
3. Castellanos nuevos
4. Extremeños
5. Procedencia desconocida
6. Gallegos
7. Valencianos
8. Vascos
9. Murcianos
10. Aragoneses
11. Italianos
2217
9
9
4
3
2
2
1
1
1
30,98%23,94%
12,68%
12,68%
5,63%
4,22%
2,82%
2,82%
1,41%
1,44%
1,44%
Total 71 100,00%

En el primer siglo del período colonial en Honduras es notoria la presencia de castellanos viejos (30,98%), frente al 23,94% de andaluces; además, si a los castellanos viejos sumamos los castellanos nuevos 12,68% y los extremeños 12,68% vemos que los andaluces se encuentran en franca minoría (Herranz, 1990: 23).

De los 71 colonos españoles, sólo identifiqué el lugar de asentamiento en la provincia de Honduras de 17 de ellos. En Trujillo, puerto de la costa atlántica del Caribe, se asentaron tres andaluces, tres castellanos viejos y tres extremeños; en Puerto Caballos, otro puerto del Atlántico, un gallego y un castellano viejo; en la ciudad de Gracias, zona montañosa del occidente de Honduras, tres castellanos viejos, un gallego y un castellano nuevo y en la Frontera de Cáceres, actual departamento de Olancho, un castellano viejo. En líneas generales esta distribución muestra que los andaluces prefirieron el puerto de Trujillo, en la zona costera de tierras bajas, y los castellanos, extremeños y gallegos, las regiones montañosas del interior. Claro que la muestra analizada es muy pequeña, aunque tiene la ventaja de que son los primeros colonos españoles que se radicaron en Honduras, dejaron descendencia y afianzaron un patrón lingüístico regional que, sin duda, sirvió de modelo para los nuevos colonos.

Los datos lingüísticos que analizamos posteriormente confirman que el centro, occidente y Olancho, que son tierras altas, muestran rasgos de un español más conservador que el de las zonas costeras del norte y sur de Honduras; lo que confirma la similitud del habla costera con el andaluz, y las hablas del interior, de tierras altas, con el castellano (Menéndez Pidal 1962; Rosenblat 1962: 96).

Honduras durante el siglo XVI tuvo como puerto Trujillo, en el siglo XVII, Puerto Caballos, hoy Puerto Cortés, y en el XVIII alternaron esos dos puertos con el de Omoa, todos en el Atlántico. Debido a que los barcos llegaban primero a La Habana y después a Centroamérica, es lógico suponer que la influencia caribeña, canaria y andaluza en Honduras se dio más por la vía del comercio y la administración real que por el asentamiento de colonos andaluces y canarios en esta provincia.

En junio de 1786, España e Inglaterra firmaron la Convención Anglo-Hispana por la que los ingleses abandonaron sus asentamientos a lo largo de toda la costa centroamericana y los de las islas cercanas. Gálvez, ministro del Reino de España, puso en marcha un plan para poblar y defender las costas caribeñas, enviando 210 familias españolas para que se asentaran en los pueblos ingleses y misquitos desde Trujillo hasta la desembocadura del río San Juan en Nicaragua (Floyd, 1990: 156-162). Para 1788, un total de 1 289 españoles, integrados en 210 familias, habían llegado al puerto hondureño de Trujillo para poblar y defender la costa de La Mosquitia. De los colonos, 40 familias (260 personas) procedían de Tenerife; 27 familias (156 personas) de San Nicolás de La Coruña y 123 familias (983 personas) de los concejos asturianos de Lena, Rioja, Morcín, Rivera de Arriba, Correra, Villaviciosa y Cangas de Onís (Rubio, 1975: 515-644). La mayoría de los canarios se asentaron en Río Tinto (Black River para los ingleses), hoy Palacios; unas 40 familias se radicaron en Trujillo y el grueso de asturianos se asentaron en el interior, en especial en los departamentos de Olancho, Yoro y Santa Bárbara, fundando en 1788 el pueblo de Macuelizo (Floyd 1990: 160-162).

Las repercusiones lingüísticas de esta nueva colonización, la mayor que los españoles realizaron en Honduras, pueden rastrearse lingüísticamente por la pervivencia en el departamento de Olancho, sur de Yoro y todo Santa Bárbara de una /s/ en final de palabra y final absoluta de frase muy tensa, silbante prolongada y con un punto de articulación apicodental. En el léxico, aparecen algunos términos cántabro-astures como peje con los significados de pez y de pescado que se registra a lo largo de la costa del Pacífico de Honduras, El Salvador y Nicaragua: peje martillo.

El movimiento migratorio más importante que se ha dado en la historia moderna de Honduras fue de 1906 a 1940. La instalación de las compañías bananeras norteamericanas desde la frontera con Guatemala hasta Trujillo, supuso la definitiva colonización de la franja costera que los españoles no habían logrado en el período colonial, salvo las ciudades de Omoa, Trujillo, Puerto Cortés y San Pedro Sula, con una estrecha faja de tierra de los caminos reales que servían de acceso. Los hondureños de los departamentos de Copán y Santa Bárbara emigraron a las tierras bajas de costa norte desde Masca hasta Tela, teniendo como epicentros San Pedro Sula y La Lima; los de Yoro, Francisco Morazán y Olancho, se radicaron desde San Pedro Sula hasta Trujillo, siendo La Ceiba el asentamiento más importante. Este aluvión de inmigrantes trastrocó el desarrollo de algunos fenómenos fonético-fonológicos típicos de las tierras bajas, por ejemplo, la realización plena de /s/ en cualquier posición que convive con su relajación o pérdida, la pronunciación oclusiva y no fricativa de las oclusivas sonoras en posición intervocálica, a pesar de que la inmensa mayoría de hablantes son ya de segunda o tercera generación.

En la segunda mitad del siglo pasado, el oriente del país recibió una fuerte inmigración procedente de la zona central y sur de Honduras. En el presente siglo, además de las migraciones señaladas, en las décadas de los 70 y 80 una regular cantidad de campesinos sin tierra del sur fue asentada por el Estado en el valle de Aguán y en la actualidad existen dos frentes de colonización campesina en la zona selvática de la parte media del río Patuca: uno desde Nueva Palestina, en el departamento de El Paraíso, y otro desde Catacamas, Olancho, a la confluencia del Wampú con el Patuca. Estas inmigraciones van a influir en la variedad dialectal del español que se está conformando en esta región, hasta ahora ocupada por misquitos y tawahkas.

3. Criterios y metodología para la delimitación de las áreas dialectales

Para la delimitación provisional de las áreas dialectales del español de Honduras he tenido en cuenta variables históricas (asentamiento inicial de colonos y contacto sociocultural), fonético-fonológicas, morfosintácticas y léxicas.

Las variables históricas tratan de medir el grado de comunicación que desde 1510 hasta 1990 se ha dado entre las regiones del país con las ciudades, centros hegemónicos de la administración (Gracias a Dios, Comayagua y Tegucigalpa) y los puertos del Atlántico y del Pacífico. Las inmigraciones de población española en el último tercio del siglo XVIII y las migraciones internas hacia El Paraíso en el siglo XIX y hacia el norte y La Mosquitia en el presente siglo son hechos que se reflejan en algunos aspectos fonéticos y léxicos en los cuestionarios aplicados. Estas variables históricas son, en un sentido más amplio, la teoría de Canfield (1981) de que las diferencias dialectales del español de América están en función de la fecha inicial de asentamiento de colonos españoles y el grado de contacto sociocultural con España, y, yo añadiría, con los centros urbanos más importantes de Honduras en su período independiente.

Las variedades fonético-fonológicas de las distintas regiones de Honduras es otro aspecto fundamental para la delimitación de áreas dialectales. En los estudios dialectales del español de América un punto vital ha sido el análisis de la pronunciación de algunos fonemas tanto en la división de tierras altas y tierras bajas (Henríquez Ureña 1921 y 1932; Wagner 1920, 1927; Rosenblat 1962: 96) como el análisis de rasgos segmentales fonéticos a través de isoglosas (Henríquez Ureña 1921, 1932; Rona 1964; Honsa, 1975; Resnick, 1975 y Zamora y Guitart 1982) y de algunos rasgos suprasegmentales como la entonación. Han sido muy fructíferos los estudios de variaciones dialectales de un país, basados en la distribución de rasgos fonéticos a través de isoglosas como los de Vidal de Battini (1964) para Argentina, Lenz (1940) para Chile, Flórez (1951, 1964) para Colombia, Henríquez Ureña (1940) para República Dominicana, Navarro Tomás (1948) para Puerto Rico, Espinosa (1946) para Nuevo México, Williamson (1986) para el habla de Tabasco, el habla de El Salvador (1960) y los mapas zonales, por fenómeno, de Canfield (1962, 1979 y 1981).

Basándome en cuestionarios anteriores, aplicados en Hispanoamérica como el PILEI 1973, el Cuestionario para la delimitación de las zonas dialectales del Español de México (Lope Blanch, 1970) y el Cuestionario del Atlas Lingüístico-Etnográfico de Costa Rica (Quesada, 1992), elaboré un cuestionario fonético con 400 preguntas. El cuestionario se aplicó a cuatro informantes en cada uno de los dieciocho departamentos en que está dividido política y administrativamente el país, excepto en los departamentos de Francisco Morazán y Cortés en que se aplicó a diez informantes en cada uno, pues en ellos viven cerca del 40% de los hondureños. El total de informantes fue de 84, mitad mujeres y mitad hombres, entre edades comprendidas entre los 18 y 80 años. Tanto para la elaboración del cuestionario como para el análisis de sus datos se tuvieron en cuenta los estudios fonético-fonológicos de la modalidad hondureña realizados por Canfield (1981), López Scott (1983), Lipsky (1987, 1994: 286-293), Amaste (1989) y Medina Rivera (1990: 4-35). Los únicos datos que no pudieron consultarse fueron los del cuestionario del Atlas Lingüístico de Hispanoamérica aplicada a siete informantes hondureños por Antonio Quilis en 1984.

Los aspectos morfosintácticos que se utilizaron para esta delimitación dialectal del español de Honduras fue un estudio del Uso del voseo en el habla hondureña desde el punto de vista sociolingüístico que se aplicó en los 18 departamentos. Sobre el uso del vos fue valioso el contrastar los datos de mi investigación con los del trabajo de López Scott (1983) sobre el voseo en San Pedro Sula.

Ya Henríquez Ureña (1921) había utilizado el voseo como un criterio para demarcar las áreas dialectales de América y, después, Rona (1964) y Zamora y Guitart (1982). En el caso de Honduras, lo importante no es en sí el voseo, que está generalizado en todo el país y en todas las clases sociales, sino el estudio de su frecuencia y de las asimetrías que se dan en su uso regional, dependiendo del sexo, edad, grado de amistad, relación jerárquica familiar y situaciones de cariño o enfado (Herranz, 1997).

El último aspecto investigado para esta delimitación dialectal del español de Honduras es el léxico. Henríquez Ureña (1921) basó su división dialectal del español de América en la adquisición y el uso de substratos indígenas como aporte fundamental para las variaciones regionales. Para Centroamérica y México se basó en el substrato nahua, clasificándolo dentro de una misma variante dialectal.

La presencia prehispánica de grupos nahuas en Honduras (Herranz 1996: 266-279 y 199) y en el resto de Centroamérica (Stone 1949, 1969; Chapman 1959 y Campbell 1985), unido al hecho de que el náhuatl fue a partir de 1570 la lengua de evangelización para la Nueva España, provocó que en Honduras el náhuatl fuera la tercera lengua de los pueblos indígenas del centro y occidente (Herranz 1996: 55-71). Esta lengua proveyó un gran número de substratos léxicos al español centroamericano, conservándose en pleno uso unas 1 500 voces (Herranz 1996a). Sin embargo, el substrato náhuatl no es un aspecto que nos ayude a delimitar las zonas dialectales de Honduras, debido a que los mercedarios y franciscanos lo extendieron en toda la provincia antes de 1680. Sólo la existencia de pares sinónimos pataste / güisquil ‘fruto comestible de una enredadera’ y chachos / guatos ‘hermanos gemelos’ nos ha servido para diferenciar la zona sur (güisquil y chachos) de las demás (pataste y guatos) y diferenciar algunas subzonas dialectales del occidente.

La presencia de algunos substratos lencas en el centro y occidente y de algunos mayismos en Copán y Ocotepeque nos han permitido diferenciar la zona occidente y central de las demás. La presencia de voces garífunas, en especial en nombres de peces y de algunos alimentos, en la costa norte y su ausencia en el resto ha sido otro indicador. Las lenguas como el tol o jicaque y el pech o paya, han dejado muy pocos substratos.

Finalmente, la mayor o menor presencia y frecuencia de uso de anglicismos ha contribuido a diferenciar las variedades dialectales. Se elaboró y aplicó a nivel nacional un cuestionario de 1 200 anglicismos, previamente registrados en Honduras. La zona norte, incluyendo la franja costera de La Mosquitia mostró el uso de los anglicismos más antiguos (siglo XVII) y el mayor número y porcentaje de uso frente a las restantes. La zona sur utiliza un menor número de anglicismos, pero algunos con exclusividad, provenientes de la pesca y de cultivos nuevos como el melón y el camarón. La zona central le sigue en número y frecuencia, pero no tiene anglicismos de uso exclusivo sino que los comparte con el resto de regiones. La zona occidental, Olancho y la zona oriental mostraron porcentajes muy bajos de anglicismos y, la mayoría de ellos, estaban relacionados con la maquinaria, variedades de plantas, técnicas de cultivo importadas y algunas clases de telas.

4. Áreas dialectales del español de Honduras

El complejo análisis de datos fonético-fonológicos y léxicos muestran la división dialectal del habla hondureña en cinco zonas: suroriental, costa norte, central, occidental y nororiental o de Olancho.

4.1. Zona suroriental

Geográficamente comprende las islas hondureñas del Golfo de Fonseca, todo el departamento de Valle, gran parte del departamento de Choluteca, excepto la zona montañosa que se inicia a partir de Pespire, la parte sur y oriental del departamento de El Paraíso. Sus centros irradiadores de la norma culta son Choluteca y Danlí.

En el período prehispánico estuvo poblado por grupos con lenguas muy diversas como el lenca en su variante potona, el chorotega-malalaca, el name, el ulúa y grupos de habla mexicana y pipil.

Históricamente ha sido un corredor económico en donde salvadoreños y nicaragüenses se han asentado por largos períodos: los salvadoreños hasta 1969 y los nicaragüenses de la «contra», de los ochenta a los noventa.

El español de esta región muestra rasgos fonéticos muy avanzados, propios de las zonas bajas y más próximos al habla nicaragüense como la relajación de ciertos sonidos, incluyendo algunas vocales, la aspiración y, a veces, la pérdida de la /s/.

La /s/, generalmente se pronuncia como predorsal plana, y tiene los mayores porcentajes de aspiración y pérdida en Honduras.

En posición final de palabra, seguida de vocal átona (los amigos, las amigas, las acacias) la aspiran el 82,1% de los hablantes frente al 67,6% en la costa norte.

En posición final de palabra, seguida de otra palabra que comienza por consonante (todos los, todas las) la aspiran (todoh los, todah las) el 68,60% de hablantes y la pierden el 22,80%. En posición interior de palabra, cerrando sílaba y seguida de una consonante (pescar, este), la aspiran un 43,4% y la pierde un 4% de hablantes.

En posición final absoluta (centavos, seis, pues, vos) la aspiran el 28,1% y la pierden el 7%. En los demás contextos mantiene porcentajes bajos de aspiración entre el 20% y el 4% y no se dan pérdidas de /s/.

Por lo general las aspiraciones y pérdidas de /s/ en la zona sur son más elevadas en el departamento de El Paraíso, limítrofe con Nicaragua, y menores en el departamento de Valle, limítrofe con El Salvador.

El voseo: la frecuencia de uso del vos como pronombre de tratamiento entre iguales y de amistad es más frecuente que en la zona occidental y central de Honduras. En la región que circunda El Paraíso el voseo es un tuteo, similar al que utilizan los nicaragüenses. En los departamentos de Valle y Choluteca el voseo está restringido, como en el resto de Honduras a grado de amistad, igualdad de sexos y edades similares.

Léxico

— Abundancia de arcaísmos, como en el resto de zonas de Honduras de los que pueden encontrar una buena muestra en los léxicos de los relatos orales recopilados en los libros Por cuentas, aquí en Nacaome (1996), ...en Choluteca (1996) y ... en El Corpus (1996).

— Abundancia de anglicismos, sobre todo en partes de embarcaciones por haber sido el puerto de entrada del Pacífico desde mediados del siglo XIX hasta la década de los setenta.

— Aparece el regionalismo santanderino y asturiano de peje por pez: peje martillo, peje.

— Es la única zona donde chinchorro se usa tanto como hamaca.

— Troja y tabanco se usan para denominar al almacén casero de granos, desconociéndose casual y cocal.

— Cipote y chigüín, junto con pistarro / pistarrito dominan para nombrar a un niño de 2 a 12 años. En la zona fronteriza con Nicaragua hasta Las Trojes, se usa chavalo.

— En la zona fronteriza con El Salvador domina güisquil frente a pataste.

— En esta zona fronteriza alterna para biberón pepe, utilizado en Honduras con pacha (utilizado en El Salvador).

— Para el último hijo se utiliza el genérico de secaleches y, en menor medida, el de cumiche, desconociéndose lashuro.

— El ave carroñera, especie de buitre americano, le llaman zopilote, zope y zamuro, éste último sólo aparece registrado en esta región.

— A la lluvia fina se la denomina con el canarismo modificado de garuba y la onomatopeya chichís.

— Para cometa domina ampliamente papelote frente a papalote y en la frontera con Nicaragua es frecuente barrilete.

— Para persona pálida se usa payulo y, sobre todo, mayato exclusivo de esta región.

— Para los hermanos gemelos el término más usado es chacho(s) y en menor frecuencia chachaguatos.

4.2. La costa norte

Esta integrada por el departamento insular de Islas de la Bahía y en la plataforma continental el norte y centro de los departamentos de Cortés, Atlántida, Colón y Gracias a Dios.

Históricamente es una zona que a la llegada de los españoles estaba poblada por mayas toqueguas en la región de Omoa, por jicaques del valle Sula hasta Trujillo y por payas hasta la frontera con Nicaragua. Tanto en Naco, como el valle Sula y las cercanías de Trujillo había enclaves nahuas. A partir de 1797, los negros caribes, llamados garífunas, se asientan en Punta Gorda y, después, a lo largo de toda la costa atlántica hondureña.

Salvo las ciudades-puerto, el resto del área no fue colonizado por los españoles y la expansión del español se debe a las inmigraciones de principios del presente siglo. Su centro irradiador de norma regional es la ciudad de San Pedro Sula en la que se publican tres de los seis de Honduras. La Ceiba tiene importancia como centro irradiador para el español de Islas de la Bahía y Gracias a Dios por ser el punto marítimo y aéreo de partida y llegada de aviones y barcos.

Es una zona lingüísticamente muy avanzada que comparte algunos rasgos del español del Caribe: se da el relajamiento y pérdida de algunos sonidos.

La zona norte de Honduras tiene una pronunciación de /s/ predorsal plana, pero en posición final absoluta un 20% de los hablantes de San Pedro Sula la pronuncian como apicodental tensa, similar a la de Santa Bárbara y Olancho, posiblemente por emigraciones constantes desde 1880 hasta la fecha.

La /s/ en posición final de palabra, seguida de vocal átona, la aspira (loh amigos, lah amigas, lah acacias) un 67% y la pierde (lo amigos, la amigas, la acacias) el 5,1%, porcentajes inferiores a la de la zona sur.

En posición final de palabra, seguida de una consonante (todos los, todas las), esta zona tiene el mayor porcentaje de aspiración, 73,9%, y un 14% de pérdida, pronunciando como /s/, sólo el 11,52% de la población.

En posición interior de palabra, cuando cierra sílaba y le sigue una consonante (pescar, este) sólo la aspiran el 23,5% (zona sur el 43,4%) y la pierde el 4%.

La zona norte, al igual que la zona sur, conforman las tierras bajas costeras y con puertos, en donde históricamente la influencia del andaluz ha sido intensa.

La comparación de mantenimiento, aspiración o pérdida de /s/ en diferentes contextos del departamento de Gracias a Dios frente al resto me lleva a la conclusión de que forma parte del área dialectal de nororiente o de Olancho, más que la zona norte.

Por ejemplo, en interior de palabra, cuando la /s/ cierra sílaba y le sigue una consonante (pescar, este) en Gracias la conserva como /s/ el 79% de la población (83% en Olancho y el promedio de la zona norte 57,2%), la aspiran sólo el 18,5% (Olancho 14,6% y el promedio de la zona norte es de 0,64%). En posición final absoluta la conserva el 86,2%.

El ceceo es muy fuerte en todo el departamento de Colón, en especial la región de Trujillo y en zonas montañosas de Atlántida y una parte de Yoro. No he registrado casos en el departamento de Cortés.

El voseo como tratamiento de confianza y de amistad tiene una mayor frecuencia de uso que en el resto de zonas, exceptuando El Paraíso. Sin embargo, no llega a ser un tuteo.

Léxico

— Abundancia y prestigio de los anglicismos. La mayoría de los 1 500 registrados en Honduras son de uso en el norte. Los anglicismos de Trujillo a Kruta se introdujeron en el período colonial a través de los asentamientos ingleses, en especial los de accidentes geográficos como acre, crique, swampo, quinel. La fuerte presencia de las bananeras que tienen como lengua oficial el inglés y la presencia de negros de habla de un inglés criollo (Gran Caimán, Jamaica, etc.) generó un sinfín de anglicismos propios del norte como: benque, daime, mopear, mopeador, tainquiper, yardero, yuntero, etc.

— Domina el anglicismo trucha (<trups) monopolio, frente al colonial pulpería, generalizado para el resto de áreas.

— En algunas plantas domina el término caribe frente al náhuatl: mamey frente a sonzapote; ají alterna con chile; bijao se prefiere a platanillo o icaco.

— En la zona de La Ceiba, se usa el término de confianza de tito / tita, como término de tratamiento de confianza.

— Domina banano y guineo, frente al mínimo del centro y sur. Se oye, pero con poca frecuencia.

— Se usa cipote para niño pero le sigue guirro (de Tela a Trujillo) y carute, casi exclusivo de esta región.

— Se utiliza exclusivamente pataste y para el almacén casero de granos troja y tabanco, cuando es en la parte alta del entretecho de la casa.

— Para el último hijo se usa secaleches y cumiche.

— Como en el resto de Honduras utiliza zopilote y zope y, rara vez, cute para el buitre negro americano.

— Para lluvia utilizan llovizna y brisiada, pero no se registra ni garuba, ni chichís ni cilampa.

— Para el objeto volador, impulsado por el viento utilizan con mayor frecuencia cometa y papelote / papalote.

— Para pálido, está generalizado payulo y jipato sólo en Atlántida y parte de Yoro.

— Generalizado el uso de zarcil / les y totalmente desconocido iril y ciril para esta planta y fruto.

4.3. Zona central

Esta conformada por gran parte del departamento de Yoro, toda Comayagua, Francisco Morazán, sur de Atlántida y occidente de Olancho. Tiene a Tegucigalpa como foco irradiador de norma culta y, todavía, tiene algún peso el habla de Comayagua, por haber sido la capital de la provincia de Honduras en el período colonial.

Históricamente toda la zona estaba poblada de lencas-care y algunos enclaves nahuas a la llegada de los españoles.

Fonéticamente, se caracteriza por ser una zona intermedia. Ni tan avanzada como la costa norte y zona sur, ni tan conservadora como el occidente. Sus rasgos más distintivos son: convivencia del seseo y del ceceo, las oclusivas sonoras (b, d, g) se conservan como tales en posición intervocálica y después de varias consonantes, cuando el español general las hace fricativas, abundan los nahuatlismos pero son muy pocos los lenquismos. Abundan los anglicismos, pero en menor medida que en la zona sur y la costa norte.

La /s/ tiene una pronunciación generalizada como predorsal plana y en posición final absoluta como en adiós, suele añadírsele una -n.

La /s/ en posición final de palabra, seguida de otra palabra que comienza por consonante (todos los, todas las), la aspiran (todoh los, todah las) el 67,1% de hablantes y la pierden el 17%, superior al 14,5% de la costa norte; es decir, sólo el 15,8% de hablantes la pronuncian como /s/.

En posición final de paladar, segunda de palabra que empieza por vocal átona (los amigos, las acacias) la aspira el 60,7% y la pierde el 7,9%; es decir, sólo la pronuncian el 35,5%. Estos porcentajes son apenas inferiores a los de la costa norte.

En interior de palabra, cerrando sílaba y seguida de consonante (pescar, este); la aspira el 38,7%, frente al 43,4% del sur; curiosamente la pierde el 8,3% de hablantes, porcentaje superior al sur (48%) y el norte (3,8%).

En posición final absoluta de palabra (centavos, seis, adiós, pues) la aspiran el 23% (17,86% la costa norte) y la pierden el 5,2%.

La zona central de Honduras es la más próxima a los promedios nacionales en conservación, aspiración y pérdida de /s/ en varios contextos. Está más cerca de las zonas más evolucionadas, zona sur y zona norte, que de las zonas conservadoras: occidente y oriente o de Olancho. El departamento de Comayagua y parte de La Paz muestran más aspiraciones y pérdidas de /s/ que el de Francisco Morazán, ocupando el de Yoro una posición intermedia.

El ceceo mantiene amplias zonas como Tegucigalpa, Cantarranas, Talanga, Cedros y Orica y por el sur Güinope. En la ciudad de Comayagua está muy extendido el ceceo, incluso entre personas cultas. En Yoro está muy extendido el ceceo, teniendo como epicentro Olanchito.

El uso del vos es de tipo medio. Queda restringido a los jóvenes (hasta los 18 años), pero después ni es tan usado como en el norte y el sur, ni tan escaso como en occidente.

Léxico

— Como en el resto de Honduras se usa un buen número de arcaísmos, aunque menor que en el occidente y en el sur.

— Dominio del término pulpería frente al de trucha; abarrotería, exclusivo del norte, se comienza a usar.

— Dominio de cipote frente a güirro, chigüín.

— Domina claramente el término de mínimo frente al de banano y prácticamente no aparecen el resto de sinónimos.

— Para almacenar granos domina el de troja y tabanco.

— Se utiliza exclusivamente el término de pataste.

— Para el niño de 2 a 12 años claramente la mayor frecuencia es para cipote, alternando algunas veces con chigüín, mico y bichín.

— El último hijo es el secaleches y, en menor medida, cumiche que está más enraizado en zonas rurales. En Tegucigalpa, puede oírse el peque y, a veces, el benjamín.

— El término papelote / papalote y cometa son de gran frecuencia y la lluvia fina es una llovizna, brisiada y rara vez, garuba.

— El zopilote, zope es lo más frecuente; pero se oye también zonchiche y kute, aunque éste último como sinónimo de billete de un lempira.

4.4. Zona occidental

Comprende los departamentos de Santa Bárbara, Copán, Ocotepeque, Lempira, Intibucá, centro y sur de La Paz, norte de Valle y Choluteca, el sur de Cortés y occidente de Comayagua.

A la llegada de los españoles, ésta era la región más poblada de Honduras. La componían el grupo de los lencas, indios de procedencia chibcha con muchos siglos de contacto con los grupos mesoamericanos y que mantenían variantes lingüísticas claras: potón en valle y sur de Lempira e Intibucá; care, el grupo más extendido, en parte de Ocotepeque, norte y centro de Lempira, Intibucá y La Paz y una gran parte de Comayagua y Francisco Morazán; el lenca-lenca o lenca de Guajiquiro en el departamento de La Paz; el taulepa en los alrededores del lago Yojoa y el jucap en el departamento de Santa Bárbara, rivera del río Jicatuyo.

Los mayas-chortíes en una parte del departamento de Ocotepeque (valle Sensenti y Cucuyagua), norte de Santa Bárbara, valle de Sula, siendo El Chamelecón y el Ulúa las dos barreras naturales.

Sus centros urbanos irradiadores de la norma son las ciudades de Gracias a Dios, y Santa Rosa de Copán.

Las áreas fronterizas con Guatemala (una estrecha franja del departamento de Santa Bárbara) y la prolongada frontera con El Salvador muestran algunos rasgos del habla de los dos países vecinos.

Las principales características fonéticas de esta área son:

— Una entonación musical sostenida con pequeños ascensos y descensos de tono (muy inferiores al del español promedio) en las vocales.

— Tono elevado y sostenido al final de una oración, contrario al tono bajo español estándar. Deben exceptuarse las oraciones interrogativas y exclamativas.

— Alargamiento de vocales, mayor que el promedio del español de Honduras con inflexiones tonales dentro de la misma vocal, lo cual da una sensación de cantadito.

— Pronunciación cortada (glotalizada o herida) de las consonantes oclusivas (p, t, k, d, s) en posición intervocálica o iniciando sílaba. Es mucho más frecuente en las sordas que en las sonoras.

— Presencia constante de /s/ casi apicoalveolar y muy silbante que da la sensación de permanente silbadito.

— Inclusión constante de la palatal /y/ en palabras con vocales en hiato: veya, seya, tiyo, cambeya, comiya (comía), aunque ésta es una característica del habla rural de Honduras.

— Los cinco primeros fenómenos son más acentuados en la mujer que en el hombre.

— En la región que circunda Erandique se da una característica fonética que rompe el patrón de pronunciación cuidada de la terminación -ado. Aquí la d intervocálica apenas se pronuncia y la o final tiene una cerrazón muy próxima a la u como ocurre en la mayoría de zonas de España.

La /s/ es predorsal plana, muy tensa y sibilante en todas las posiciones. Su comportamiento general es de mantenerse como /s/ silbante, con pocas aspiraciones y pérdidas insignificantes.

A diferencia de las tres zonas descritas sólo la /s/ en posición final de palabra, seguida de otra palabra que comienza con consonante (todos los, todas las) la aspiran el 51,8% de hablantes y la pierden el 11,4%; es decir, que sólo la pronuncian como /s/ el 36,7% de los hablantes (el promedio en Honduras es sólo del 20,54%).

En final de sílaba y palabra, seguida de vocal átona (los amigos, los añicos, los enanos) la conservan el 56,35%, la aspiran el 40% y la pierden el 29%.

En el resto de contextos más del 82% la conservan como /s/.

Es notorio en el habla de las mujeres de zonas rurales de este área dialectal de mayor conservación de la /s/, y más tensa y sibilante que en los varones.

Conviene señalar que el departamento de Ocotepeque, en general tiene los porcentajes más altos de mantenimiento de /s/ en cualquier posición, y que en los departamentos de Lempira, Intibucá y La Paz, sólo aparecen algunos casos de aspiración en la zona fronteriza con El Salvador.

El departamento de Santa Bárbara, en especial la región de Macuelizo, Trinidad, la /s/ en posición final absoluta es muy silbante, tensa y prolongada, similar a la /s/ de Olancho, indudablemente por la repoblación de colonos españoles de origen asturiano y gallego llegados a Honduras alrededor de 1783.

El ceceo es muy escaso y sólo aparece en algunos puntos fronterizos con El Salvador como Mapulaca, La Virtud, Colomoncagua y Dolores.

El voseo en esta región es de uso muy restringido y con harta frecuencia los campesinos hablan de vos-usted lo que mostraría que todavía el vos conserva rasgos de pronombre de tratamiento de un inferior a un superior como lo era al principio de la Colonia.

Léxico

— Mayor número de lenquismos que en cualquier otra región de Honduras, la mayoría de ellos exclusivos de esta zona dialectal.

— Dominio de cipote frente a güirro o chigüín, pero en Ocotepeque y Copán alterna con el guatemalquismo patojo.

Güisquil se usa en Ocotepeque y Copán, y en el resto del área pataste.

— Para plátano común utilizan el término de guineo, pero en zonas rurales también se registra como filipino y habanero que alternan con el lenquismo shepe / sepe.

— Para registrar el sitio en donde se almacenan los granos se utiliza como en toda Honduras el nahuatlismo de tabanco y los lenquismos exclusivos de casual y cocal.

— El término generalizado para el último hijo es el lenquismo de lashuro con sus variantes zuro y guanjuro. También se registra, aunque con menor frecuencia de uso el nahualtismo cumiche.

— Para cometa está generalizado el uso de papelote / papalote y el exclusivo de esta zona de barreño.

— Para la llovizna se utiliza con mucha frecuencia cilampa y en menor medida garuba.

— Para el buitre americano el término más generalizado es el lenquismo de kute que alterna con zope y zonchiche.

— Para la tortilla de maíz de elote se utilizan con exclusividad los término de panapa, eya y palchaca.

— Para las semillas redondeadas y comestibles de un bejuco (Hipocrateáceae; Salacia impressifolia) se utiliza el término de cirín.

— Gran número de arcaísmos, mayor que en cualquier otra región de Honduras.

4.5. Zona nororiental o de Olancho

La conforma el departamento de Olancho, más grande que la República de El Salvador, sur de Colón, este de Yoro y todo Gracias a Dios, menos la franja costera.

Históricamente a la llegada de los españoles, esta zona estaba poblada por jicaques, payas, sumos-tawahkas y un elevado número de enclaves nahuas en el valle de Olancho. En el siglo XVI hubo inmigraciones lencas provocadas por los españoles. Durante toda la Colonia, Olancho fue una zona dedicada a la ganadería, gracias la proximidad del puerto de Trujillo.

Es una zona de habla conservadora, con amplias zonas de ceceo, no hay pérdida ni aspiración de /s/, y este fonema en posición final de palabra se mantiene alta, tensa y silbante lo que provoca una especie de zumbido prolongado. Léxicamente tiene pocos anglicismos y bastantes nahuatlismos.

La colonización progresiva de la selva que circunda el río Patuca hace prever a corto plazo que será el modelo del habla olanchana que se extenderá por la mayoría del interior del territorio de La Mosquitia.

Su centro de irradiación de la norma regional es Juticalpa, pero Catacamas se está convirtiendo en un serio enemigo.

Al igual que en la zona occidental, en Olancho y Gracias a Dios la /s/ predorsal plana, tensa sólo en posición final absoluta tiende a conservarse como tal.

Sólo es significativo el fenómeno de la aspiración y, en mucho menor medida, la pérdida, en posición final de palabra cuando le sigue una palabra que comienza por consonante (todos los, todas las); la conservan como /s/ sólo el 30%, la aspiran el 60,2% (promedio de Honduras 64,32%) y la pierden el 9,8% (promedio de Honduras 15,11%).

En posición final de palabra, seguida de vocal átona (los amigos) la conservan el 60,9% (promedio de Honduras 33,1%), la aspiran el 33,5% (promedio de Honduras 56,74%) y la pierde sólo el 0,6%.

En el resto de posiciones, generalmente la /s/ se conserva en más del 83% de los informantes.

El ceceo: Olancho tiene una amplia zona ceceante que incluye toda el área de Campamento y el resto de municipios en línea recta al norte hasta el departamento de Atlántida y Colón.

Léxico

— Arcaísmos en gran cantidad; aunque en menor número que en occidente.

— Escaso número de anglicismos y de uso reciente, excepto en pequeñas áreas en donde las compañías bananeras tuvieron ganado vacuno.

— Para el plátano común domina el término de guineo y algunas veces se oyen los términos de caribe y mínimo.

— El lugar donde se almacenan los granos recibe el nombre de troja, y, en menor medida, el de tabanco.

— Para denominar al niño entre 2 y 12 años se utiliza el término nahua de cipote que compite en frecuencia con chigüín. En la zona de Yoro se oye el término de tigüe.

— Para el último hijo está generalizado secaleches que compite con el nahuatlismo de cumiche.

— Para cometa domina ampliamente el término de papalote / papelote.

— Para la lluvia fina se utiliza brisiada y, con mucha menor frecuencia, garuba y tapayagüe, exclusivo de este área.

— Para el buitre americano utilizan el nahualtlismo de zopilote, su forma abreviada zope y, algunas veces, zonchiche.

— Se mantiene en el valle de Olancho un buen número de nahuatlismos, algunos exclusivos como chinchilateondilla, tira de hule’.

— Generalizado pulpería frente a trucha.

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